El litro, que en 1998 valía 28,6 céntimos de euro, se pagó en el 2010 a 28,9
03 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Desde 1998 la vida se ha encarecido en Galicia un 42%. Han subido de precio todos los productos y servicios, pero sobre todo los relacionados con la vivienda, la enseñanza, los alimentos, las bebidas, el transporte, el ocio, la restauración y la hostelería. La inflación afecta a todos los ciudadanos, pero no todos pueden compensar de igual manera esa pérdida de poder adquisitivo.
Entre los más perjudicados están los ganaderos que se dedican a producir leche. En sus hogares también hay hipotecas e hijos en edad escolar que necesitan vestirse y alimentarse. Pero su negocio lleva años en declive, y más últimamente. Hoy, las industrias les pagan por su producto precios por debajo incluso del nivel de hace 13 años.
Sin explicación
En 1998, el litro de leche se abonaba en origen a una media 29,2 céntimos. En el 2010, fueron 28,9, apenas un 1% más. «Os de xaneiro non serán moi diferentes», asegura Javier Iglesias, secretario de Vacún de Leite del sindicato Unións Agrarias, quien reconoce que «non hai unha explicación lóxica» a ese comportamiento. Porque el precio de venta al público de la leche en los supermercados sí ha crecido al mismo ritmo que el resto de la cesta de la compra. «Somos amantes da libre competencia, pero alguén tería que explicar como é posible que se vendan cartóns de leite a corenta céntimos», subraya José Robledo, director xeral de Producción Agropecuaria de la Xunta.
La cadena
Hace tres años, el Ministerio de Agricultura (hoy de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino) elaboró un informe sobre la cadena de formación de precios lácteos, que aseguraba que, aunque los costes de producción se sitúan en una horquilla de entre 0,365 y 0,415 céntimos de euro, las industrias solo pagaban entre 0,330 y 0,375.
Esa situación ha provocado a los ganaderos pérdidas constantes y sostenidas en el tiempo, que han causado el cierre de decenas de miles de explotaciones en Galicia. En 1998 había 84.793, pero hoy son alrededor de 40.000.
Han sobrevivido las granjas fuertes y con mejor posición para amortizar costes y negociar con la industria, porque son las que más cobran (las grandes obtuvieron 30,85 céntimos el litro en diciembre, frente a la media de 26 céntimos de las más pequeñas).
Los bajos precios se sostienen sobre todo en la actitud de las grandes cadenas de distribución, que presionan a la industria para vender leche a veces por debajo de los costes de producción. Los hipermercados ni siquiera hacen negocio con muchas marcas blancas (según el informe del 2008, sus márgenes se mueven en un estrecho arco entre el 0,68% y el 1,9%). Pero esos cartones baratos son un excelente reclamo para atraer clientela, que luego gasta su dinero en productos se venden a precios normales.
Negociación
A eso se une la escasa capacidad de negociación de los ganaderos, porque, hasta ahora, las leyes europeas consideraban ilegal que pactaran los precios para forzar a la industria a pagarles más. Después de lustros de protestas, la UE lo ha admitido, y también los contratos homologados por la Administración, que permitirán a los productores obtener un precio justo.
«Os contratos non son a panacea, pero van axudar a que a industria teña que ser moito más eficiente, e que teña que mellorar a súa produtividade se quere ofrecer mellores prezos sen trasladar esa baixada ao elo máis débil da cadea», asegura Iglesias. Robledo mantiene que «os contratos son bós, pero de nada sirven as leis se logo non garantimos que se apliquen os conceptos que as fundamentan. O importante é que a industria se afaga a darlle seguridade ao produtor, a informalo do prezo que vai recibir nos meses seguintes, e non a posteriori, como sucede agora».