El subdirector del organismo negó ayer que haya una batalla monetaria, pero Strauss-Kahn la admite veladamente
19 oct 2010 . Actualizado a las 03:33 h.La escalada de devaluaciones competitivas realizadas por diversos Gobiernos de todo el globo para no perder competitividad en el mercado exterior -esto es, la existencia de una guerra de divisas más o menos incipiente- divide a la cúpula del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ayer celebró en Shanghái una reunión con los responsables de los bancos centrales de algunos países.
Y es que por un lado el director del organismo internacional, Dominique Strauss-Kahn, advertía hace unos días del riesgo que para la recuperación económica supondría que comenzara a utilizarse la moneda como arma de política económica -constatando lo que ya estaba ocurriendo en Japón, Corea, Tailandia, Brasil, la India, el Reino Unido o Suiza, además de en China y Estados Unidos, Pekín por no apreciar su divisa y Washington por mantener débil la suya-. Mientras que por otro, ayer, su segundo de a bordo, el primer subdirector gerente del FMI, John Lipsky, negó que actualmente haya una guerra de divisas.
Para Lipsky, que compareció ante la prensa tras la reunión con los bancos centrales junto al vicepresidente del Banco Popular de China (banco central del país), las políticas monetarias de los Gobiernos «están orientadas a la situación doméstica (interna), no a implicaciones internacionales».
Consumo o sector exterior
Para evitar una guerra de divisas, el subdirector apuntó que es necesario «el reequilibrio de las fuentes de crecimiento, lejos de política y estímulos presupuestarios», impulsando la iniciativa privada. Igualmente, recurrió a la receta tradicional para frenar la batalla monetaria, abogando por que los países emergentes, con crecimiento y superávit, apuesten por su demanda interna, mientras que los desarrollados, con déficit «persistente», tendrían que mejorar sus exportaciones. En cualquier caso, la respuesta de los responsables de Finanzas de los países emergentes a la citada estrategia económica del FMI es negativa, a tenor de las declaraciones que han realizado ministros de diferentes países, como Brasil, Chile, Tailandia o Corea. Los emergentes no están dispuestos a sacrificar su crecimiento, reconduciéndolo del sector exterior al consumo nacional, para que otros países (los desarrollados, con graves dificultades económicas) crezcan a su costa.
La recuperación, en riesgo
Por otra parte, aunque ayer no compareció ante la prensa, en el discurso que dio en el encuentro de Shanghái, Strauss-Kahn volvió a apelar a la cooperación de los países, ya que, de resquebrajarse -como apunta la carrera depreciatoria de las divisas-, la recuperación de la economía mundial correría peligro. «Hoy existe el riesgo de que el núcleo de aquellos que habían logrado domar la crisis financiera se disuelva en una cacofonía de voces discordantes, ya que cada vez más países actúan de forma individual», aseguró el francés, para añadir que eso «va a perjudicar a todo el mundo».
Cómo desactivar la guerra monetaria continúa siendo el tema principal de la reunión del G-20, que se celebrará en Seúl el mes que viene.