El sol multiplica su efecto en una urbanización casi desértica. Al mediodía, las pocas casas habitadas están vacías. Las que no, son ocupadas por alguna cuidadora de niños o algún familiar que visita al propietario en los días estivales. Un constructor pasa con su Mercedes por una de las calles más pobladas. «Hago chapuzas para algunos vecinos, que si la rampa más ancha, que si el jardín más adecentado...», señala. No quiere dar su nombre porque aún le deben dinero, «muchos millones de pesetas» que se llevó la Ley Concursal en que ha caído Martinsa-Fadesa. Pero sabe que hay casos peores. «A uno le deben ochenta kilos».
La noticia de las recientes sentencias no inquietan a los escasos residentes, muchos de los cuales ocupan su casa de forma temporal. «Algunos vienen un fin de semana a jugar al golf y se van, solo el golf, son propietarios que tienen tres o cuatro casas», explica una trabajadora contratada para la preparación de jardines. No es el caso de Belén Gutiérrez, quien lleva viviendo en Miño desde noviembre del 2009. La noticia de la que podría ser una quiebra del Concello, actualmente el segundo más endeudado de Galicia, no la inquieta. Belén ya acumula muchas horas de sufrimiento por la incertidumbre de si algún día tendría casa. «Pienso dormir tranquila, ya vivimos mucho tiempo en una situación angustiosa, no sabíamos si perdíamos el dinero y la casa», explica Belén, quien descarta la posibilidad de que la urbanización sea tirada por una decisión judicial. «Antes seguía bastante la información sobre la polémica, pero ahora ya prefiero saber lo menos posible para vivir más tranquilos».
La tensión de los últimos años ha llevado a algunos propietarios a desentenderse de la casa. No les importa esperar hasta ocho años para recuperar el dinero con tal de evitar vivir en uno de los lugares de España más mencionados por las sentencias judiciales.