De la renuncia a presidir la Cámara de Comercio coruñesa siempre le quedará una espina clavada. «Claro que me hubiera gustado, porque llevo muchos años trabajando en la institución y era una oportunidad muy bonita de aunar esfuerzos, pero ahora hay que centrarse en otros objetivos», admite.
-Todo el mundo daba por hecho que iba a ganar.
-Pero yo no podía pronunciarme hasta ser elegido miembro del pleno. Dos empresas mías tendrán plaza y ahora, antes de perjudicar a nadie, el primer día hábil, prefiero decir que yo no voy a presentarme para que la gente pueda optar por hacer lo que estime oportuno.
-La CEOE apostaba por un mando único.
-Porque parece lógico que haya unión para defender los intereses de los empresarios. Yo tengo que defender los intereses a nivel gallego y podría haber choques con intereses locales que no serían convenientes.
-¿Tiene un favorito?
-No. Y lo lógico es que no nos pronunciemos por lealtad y respeto institucional. El nuevo presidente ha de tener mucho amor a A Coruña, espíritu de sacrificio importante, voluntad renovadora para agilizar las estructuras de la Cámara y amplitud de miras.