Los mercados caen porque dudan. Los datos macroeconómicos revelan fragilidad, desempleo y déficit. Las empresas no venden lo suficiente para pasar página, no ganan -las que lo hacen- lo previsto y no encuentran apoyos ni públicos ni privados que catalicen el despegue. Y los mercados de renta variable rompen las líneas de tendencia con la virulencia de hace un año, augurando gráficos de doble suelo por completar, que rompen el sueño de una recuperación en V para devolvernos a la realidad de una lenta recuperación, sí, pero recuperación en U de largo suelo...
El varapalo bursátil de ayer no denota que los inversores hayan redescubierto el agujero financiero, que quedó claro cuando cayó Lehman Brothers y se pagó con meses terribles en los mercados. Denota que han decidido renunciar al rol anticipador que se les supone -la resaca de dos años terribles no perdona-, y dejar para cuando las incertidumbres sean menores sus apuestas, haciendo caja entretanto... Más, si cabe, en España. Nuestra Bolsa seguirá corrigiendo más que las demás porque se ha generalizado la desconfianza en nuestra economía. Nos queda volver a esperar que también se recupere mejor cuando las subidas vuelvan a mostrar que muchos de nuestros principales valores están suficientemente diversificados internacionalmente como para amortiguar ese riesgo sistémico adicional. Toca volatilidad bajista, que de nuevo deparará oportunidades.