«Desde que Messi nos metió el gol, todo ha ido a peor»

Natalia Bore

ECONOMÍA

Doscientos hinchas del Estudiantes argentino protagonizan las protestas

24 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Desde que Messi nos metió el gol, todo ha ido a peor». En clave de humor explicaba ayer el argentino Jorge Ortega la situación de los doscientos aficionados del Estudiantes de la Plata, que desde el martes permanecían atrapados en el aeropuerto de Barajas, afectados por el cierre de la aerolínea Air Comet.

Los pincharratas, como se conoce a los hinchas del Estudiantes, volvían de Dubái, vía Estambul, donde su equipo se enfrentó y cayó frente al Barça en el Mundial de clubes. A mediodía de ayer, cargados con bolsas del duty free, enfundados en sus camisetas rojiblancas y haciendo ondear las banderas del Estudiantes, reclamaban en tono festivo «volar» de vuelta a Buenos Aires.

«Escuchen todos, escuchen todos, si no vuela Estudiantes los vamos a matar a todos» o «Ya se acerca Nochebuena, ya se acerca Navidad, si no volamos esta noche el quilombo se va a armar», cantaban y aplaudían decenas de aficionados bonaerenses. El mensaje no podía ser más claro: «Teque, teque, toca, toca, que salgan los avioncitos, no nos rompan las pelotas».

Pero no todos los viajeros que se vieron atrapados en la terminal 1 del aeropuerto madrileño encajaron con buen humor la situación. Así, entre los centenares de pasajeros perjudicados se encontraban desde mujeres embarazadas hasta otras con bebés, enfermos que precisaban medicación y trabajadores que volvían a sus hogares para pasar las fiestas.

Maletas, carros, todo tipo de equipaje amontonados, las cintas de los mostradores de facturación convertidas en improvisadas camas para los más pequeños y el cansancio y la indignación tatuados en los rostros.

«No tenemos información»

La queja principal de los afectados era la falta de información concreta por parte de las autoridades, pese a que Fomento había anunciado en la noche del martes que se fletarían cuatro vuelos especiales para trasladar a sus destinos a los viajeros.

«Solo hemos recibido rumores, pero nada en concreto. Unos dicen una cosa y otros otra», se lamentaba Manuel, que tenía comprado un billete de ida y vuelta a Colombia desde el pasado mes de julio.

Manuel, que debería haber volado a las 15.30 del martes y regresar el 23 de enero, pagó mil euros por la compra adelantada del pasaje, pero hubo quienes abonaron mucho más que él (casi el doble), ya que Marsans se los vendió a finales de noviembre, como relataba otra joven colombiana. «Es lamentable que ya supieran lo que estaba pasando y, aún así, no nos dijeran nada y continuaran vendiendo billetes», repetía ayer.

«Esto no pasa ni en Sudamérica, que somos pobres» o «Nos ocurre porque somos latinoamericanos, yo no veo a ningún anglosajón tirado por el piso», eran otras de las quejas que se repetían entre los pasajeros, algunos rendidos ya ante la desesperación de no saber cuándo podrían subir a un avión. Marjorie, ecuatoriana, y sus tres hijos (uno de ellos un bebé de dos meses), retorna a su país tras ocho años trabajando en España. Ayer solo sabía que un avión volaría a Quito a las nueve de la mañana del día de Navidad, pero aún desconocía si su familia estaría entre el pasaje «seleccionado».