El BBVA adelanta que el precio de la vivienda caerá un 20% hasta el 2012 por el «stock» sin vender
ECONOMÍA
El sector de la vivienda no ha tocado fondo, ni mucho menos. Así lo afirma el servicio de estudios del BBVA, que asegura que el precio de las casas debe caer aún un 20%, una cantidad adicional al 10% que ya se ha contraído desde los máximos alcanzados en el 2007.
En contra de las muchas voces que en los últimos meses han constatado una cierta estabilización -incluida la de la propia ministra de Vivienda, Beatriz Corredor-, la entidad financiera advierte de que quedan tiempos convulsos para el sector. Respecto a los tipos de interés, el banco cree que «permanecerán estables a lo largo del 2010 y buena parte del 2011», según la responsable del departamento de análisis sectorial, Mayte Ledo.
Tras el inmenso recorrido a la baja que aguarda a los precios (hasta ahora solo ha caído un tercio de lo que debe, según el BBVA) se esconden varios factores. El primero y más importante, el enorme stock de casas nuevas sin comprador en manos de los promotores. Una bolsa que el banco estima en algo más de un millón de unidades y que, precisamente por su magnitud, costará reducir.
Junto a esto hay que considerar que la mejora del esfuerzo familiar (la parte de ingresos a dedicar a la compra) se debe solo a la bajada de tipos, y no a la de los precios. Además, la confianza de los consumidores sigue en niveles reducidos, lo que pospone decisiones de compra.
El bajón de los precios no será homogéneo, según el mismo informe, pues está directamente ligado a la sobreoferta. Así, por ejemplo, advierte BBVA, la estimación de derrumbe supera el 30% en lugares como Guadalajara, Toledo, Málaga o Murcia, donde la voracidad constructora ha sido superior a la media.
El caso gallego
En el lado opuesto, Ourense, que es la provincia española con menor caída prevista, apenas un 8%. Lugo y A Coruña está en la media (20% de descenso hasta el 2012), mientras Pontevedra es algo mayor, un 25%.
Dados los cambios demográficos que se esperan (menos niños y una menor inmigración), la demanda potencial no superará las 400.000 unidades por año a partir del 2012, lejos de las 600.000 de los años del bum del ladrillo. A los problemas para la oferta se suma el impacto del ladrillo en el mercado de trabajo, demasiado dependiente del inmobiliario.