El presidente asume ahora que es necesario reformar el mercado laboral para que se creen empleos
24 nov 2009 . Actualizado a las 09:47 h.La recuperación se ha iniciado». «También en España estamos a punto de registrar datos intertrimestrales positivos» de crecimiento del producto interior bruto (PIB). Con esa contundencia y confianza, José Luis Rodríguez Zapatero dio ayer por superada la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. El presidente del Gobierno reconoció, sin embargo, que no sabe cuándo estará la economía española lista para generar puestos de trabajo.
El jefe del Ejecutivo hizo esas consideraciones durante su participación en un coloquio organizado por la revista The Economist , donde aludió a los últimos datos de la contabilidad nacional, que reflejan una caída trimestral de solo tres décimas entre julio y septiembre y sitúan al país al borde del ansiado crecimiento. Ahora la incógnita es: «No sabemos aún con qué fuerza, con qué progresión [empezará a despegar] ni cuándo tendrá el vigor suficiente para crear empleo estable».
Ante un auditorio compuesto por directivos de las principales empresas, el jefe del Ejecutivo repitió que el despegue económico «ya está en marcha» en todos los países, desarrollados y emergentes, aunque con algunas diferencias de calendario e intensidad inicial. En lo que toca a España, señaló: «Nos incorporamos algo más tarde a la recesión y saldremos algo más tarde de ella».
Perenne optimismo
Su perenne optimismo choca con las predicciones de organismos como la OCDE y la Comisión Europea, que auguran que España será el último país desarrollado en salir del agujero, que crecerá con menos empuje que la media de la zona euro y que en el 2010 habrá aún más desempleo. Rodríguez Zapatero recalcó que «todo apunta a que el ritmo de la recuperación se va a acelerar» y que no estaba allí para «polemizar con las previsiones».
La confianza exhibida se apoya en proyecciones a más largo plazo, que permiten al jefe del Ejecutivo afirmar, en un momento de crisis de expectativas para cientos de miles de parados, que el crecimiento potencial de España «sigue siendo superior al de la media de la zona euro».
Ventaja
Esa supuesta ventaja sobre los países del entorno reside, a su parecer, en que en la próxima década España tendrá una población menos envejecida que la media europea, el 40% de los jóvenes tendrán estudios universitarios -frente al 31% de la UE- y culminará el proceso de incorporación de la mujer al mercado laboral. Explicó que el país cuenta con «un capital productivo más moderno», un «tejido empresarial crecientemente internacionalizado», con compañías líderes en sectores punteros, y ha realizado «un gran esfuerzo de inversión pública para reforzar su capital físico e innovador».
El presidente aprovechó también la ocasión para lanzar dos mensajes a los empresarios. Les pidió «confianza» en la nueva fase de despegue, que irá acompañada de un cambio en el modelo productivo: «No parece razonable estar esperando a crear empleo cuando los beneficios ya sean ciertos», señaló. Y los invitó a retomar el diálogo social con los sindicatos. De hecho, y por primera vez, Zapatero reconoció la necesidad de diseñar y aprobar medidas dirigidas a mejorar el mercado de trabajo. Este giro de 180 grados en la actitud del presidente, que hasta ahora ha negado la necesidad de una reforma laboral, actitud que provocó la ruptura del diálogo social el pasado mes de julio, fue escenificado también ayer por la vicepresidenta económica, Elena Salgado. Durante su intervención en las mismas jornadas, la ministra abogó por introducir «elementos de flexibilidad», como reducciones de jornada o moderaciones salariales.
A su juicio, el actual mercado laboral ya «es extraordinariamente flexible, pero tiene una mala flexibilidad» porque todos los ajustes se realizan mediante despidos. En ese sentido, se mostró partidaria de otorgar margen de maniobra suficiente a las empresas para adaptarse a los cambios de ciclo económico mediante la adecuación de las «horas de trabajo» o incluso de los sueldos. Aún así, aseguró no ser partidaria de «una rebaja generalizada de salarios».