El plan de GM para sanear Opel incluye el cierre de dos plantas en Alemania y una en Bélgica

M.?S.?D.

ECONOMÍA

La clausura de Eisenach consolidaría toda la producción del Corsa en Figueruelas

06 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Antes de que se abriera la puja por Opel y llegara la oferta de Magna, el plan de saneamiento de GM para su filial en Europa apuntaba el cierre de la fábrica alemana de Eisenach, lo que en la práctica suponía consolidar la planta española de Figueruelas, ya que ahora se reparten entre ambas la producción del modelo Corsa.

Ahora que GM ha dado marcha atrás con la venta, la multinacional de Detroit vuelve a poner sobre la mesa su anterior plan de reestructuración en el que, además de la eliminación de Eisenach (1.650 trabajadores), se prevé la clausura de una segunda planta en Alemania, la del centro de Kaiserslautern (3.300 operarios), y de una tercera factoría europea sitiada en Amberes, norte de Bélgica, que emplea a cerca de 2.200 personas. Esta última tendría fecha de cierre fijada en abril del 2010, según adelantaba ayer la prensa belga haciéndose eco de fuentes de GM.

El cambio de estatus, de ser los puestos de trabajo más protegidos a correr peligro su existencia, desató ayer la furia de miles de empleados de las cuatro plantas de Opel en Alemania, que salieron a la calle para expresar su enfado. «Vamos a luchar por nuestros empleos [...] Se han burlado de nosotros y del Gobierno alemán», gritaban.

A la espera de que el constructor dé a conocer sus nuevos planes, tanto el Ministerio de Industria de España, como el Gobierno aragonés y los sindicatos se muestran confiados en que la decisión de GM de quedarse con Opel beneficie a la factoría Figueruelas y, de entrada, dan por hecho que no le perjudicará. De momento, los trabajadores españoles no secundarán la huelga convocada por sus colegas alemanes, al menos hasta conocer la nueva estrategia del grupo.

Repercusiones políticas

En el contexto internacional, la suspensión de la venta a Magna y al banco estatal ruso Sberbank amenaza con enturbiar las relaciones entre el Gobierno de Barack Obama, accionista de GM, y los Ejecutivos de Berlín y Rusia, que apoyaron la operación al beneficiar a su industria.

El primer ministro ruso, Vladimir Putin, se mostró ayer crítico, sobre todo con las formas. «Esto no perjudicará nuestros intereses, pero habla sobre la singular actitud de los estadounidenses con sus asociados, que Rusia debe tener en cuenta», dijo. Putin se quejó de que «GM no advirtió de nada a nadie» y de que actuó con una política de hechos consumados», pese a los acuerdos alcanzados y suscritos.

El embajador estadounidense en Moscú, John Beyrle, aclaró al respecto que el Gobierno de su país no fue informado sobre la decisión del fabricante. «La Administración norteamericana no fue avisada con anterioridad. Esta fue una decisión comercial del consejo de administración de GM», dijo tras calificar la medida como «un reflejo del aire de confianza por la recuperación económica del país que se respira».

Ante este escenario, el comisario europeo de Industria, Günter Verheugen, alentó a los países europeos con factorías de Opel a que adopten una postura de cohesión. «Si cada uno negocia por su lado con Detroit, los americanos podrán elegir la mejor oferta», aseguró en declaraciones al diario Hamburger Abendblatt . El comisario reconoció que sin la intervención del Ejecutivo comunitario, GM no hubiera llegado a la decisión de quedarse con Opel, pero justificó la exigencia de Bruselas de pedir aclaraciones al Gobierno de Berlín. «La mayoría de los países de la Unión Europea con plantas de GM veían con escepticismo el compromiso de Alemania con Magna y lo consideraban nacionalismo económico», explicó Verheugen.