«Es una auténtica vergüenza»

J. Becerra? / ?M.?A. Rodríguez

ECONOMÍA

Indignación y frustración. Esas dos palabras resumen a la perfección el ambiente en la oficina del antiguo Inem del barrio coruñés de Monelos. «Ofrecen muchas cosas y luego es todo una mentira mentira del Gobierno», dice sin poder ocultar su enfado Elena Villar. Es su 58 cumpleaños y lo ha celebrado con un jarro de agua fría: el Ejecutivo no le da los 420 euros de subsidio que aguardaba como agua de mayo. ¿Su problema? Que terminó de percibir la prestación de desempleo en abril: «A ver si me dan una ayuda por ser mayor de 52, porque mi marido también está en el paro desde hace un año. Si no, pues tendré que robar un banco».

Por solo tres días, Sandro de Jesús tampoco se contará entre los receptores del subsidio. «Terminé el paro el 28 de julio y debería haber sido después el 1 de agosto. Esto no tiene ninguna lógica. A ver si me sale un trabajo en los próximos días porque si no no sé qué voy a hacer». De origen dominicano, lleva tres años en A Coruña. Acude a la oficina con su primo, Félix de Jesús. Su mueca es radicalmente diferente: «Acabo de conseguir empleo hoy mismo. Empiezo mañana de jardinero. Yo venía a pillar lo de los 420 euros, pero ya no lo pillo, afortunadamente. Llevo ya seis meses en el paro y se me iba a terminar en octubre».

La de Félix es una sonrisa solitaria en un mar de muecas de enfado. Estefanía Campano califica la campaña del Gobierno como «una auténtica vergüenza y una mentira». Tiene 23 años y trabajaba en la industria textil hasta hace unos meses. Ilusionada porque «en la tele nos decían que íbamos a ser todos los beneficiarios», explotó en cuanto la informaron: «Me dicen que los que acabamos antes de julio no tenemos derecho, que solo los de agosto. ¿ Y los demás qué? ¿Qué pasa con nosotros? Yo me quedé en paro en abril, me quedé sin prestación y ahora me dicen que no. No lo veo justo».

Afortunados

Uno de los 7.000 gallegos que sí tendrán acceso a los 420 euros es la viguesa María del Carmen Campos. El lunes se le agotó el paro acumulado después de trabajar como camarera durante algún tiempo y se quedó sin prestación alguna. Ayer mismo tramitó la nueva ayuda del Estado. Casada, con dos hijos de 7 y 3 años, sostiene que los 420 euros «para mí resultan vitales». Pero resolver su problema no le impide ser crítica con las limitaciones de este programa del Ministerio de Trabajo: «Me parece tremendamente injusto que cualquiera que se haya quedado en mi misma situación antes del 1 de agosto no tenga derecho a cobrar», explica. «Yo creo que las prioridades deberían ser distintas, como ayudar primero a los que estén peor, o a los que tengan familia, y no coger una fecha en el calendario y hacer un corte injusto».

Minutos antes, en la misma céntrica oficina de empleo de Sanjurjo Badía, en Vigo, dos jóvenes proferían gritos contra el Gobierno tras enterarse de que, por dos semanas, no tenían derecho a la ayuda estatal.