Tiene más ángulos la operación de las cajas gallegas para volver a la empresa que controla las autopistas. Porque ambas, Caixa Galicia y Caixanova, tienen participaciones por casi un 9% en la constructora Sacyr, es decir, en la empresa que quiere vender su participación en Itínere tras ser el accionista casi único hasta este año.
Una de las posibilidades que se podrían dar es un canje de acciones: las dos cajas entregan sus títulos en la constructora a cambio de su parte en la autopista, con las compensaciones que sean necesarias. Sin embargo, ninguna caja ha confirmado ese extremo. De hecho, una de las posibilidades con las que se especulaba hace unos meses, tras el movimiento de Citi para hacerse con las autopistas.
Ese movimiento, la venta, podría darse posteriormente o, incluso, no llevarse a cabo. «No hay nada decidido [sobre la participación en Sacyr]», explican, por su lado, Caixa Galicia y Caixanova. La primera mantiene un 2,99% de la sociedad que preside Luis del Rivero. La segunda, un 5,96% repartido de dos formas: directamente tiene un 3,96 y el otro 2 por medio de Participaciones Agrupadas, donde están también otras financieras.
La historia
Las dos entidades gallegas llegaron a las autopistas gallegas a finales del 2003, cuando el Gobierno de Aznar privatizó la empresa ENA, entonces dueña de la Audasa, concesionaria de la AP-9. Sacyr-Vallehermoso se hizo con un 50%, el Santander con otro 20 y Caixa Galicia y Caixanova, con un 10% cada una.
El negocio de la gran autopista gallega se ha revelado bien rentable. En el 2003, justo antes de la privatización, solo en peajes la sociedad ingresó 76 millones de euros. Un año después la cifra había engordado hasta los 89,4 millones. En el 2007 la cantidad ya estaba en los 152 y un ejercicio después, en plena crisis y con menos coches circulando, ya superó los 155 millones.