Siete gallegos de entre 35 y 45 años triunfan con una novedosa industria robótica creada en plena recesión, tras irse al paro hace un año por un cierre patronal en Mos
En enero del 2008 arreciaba la crisis en España, aunque el ya ex ministro Solbes la siguiera negando. En Galicia, las heridas del tejido productivo comenzaban a supurar. La tormenta del paro agujereaba los primeros paraguas industriales y sectores como el de la construcción llevaban meses goteando personal sobre el Inem. Para los 25 trabajadores de Maquipes, una pequeña industria asentada en Mos, proveedora de maquinaria industrial, aquella mañana la vida giró irremediablemente hacia el abismo de la incertidumbre. Un repentino cierre patronal los convirtió en protagonistas de las noticias que tantos días habían comentado en los periódicos.
«Estábamos en el paro y nadie se explicaba muy bien cómo había sucedido», recuerda Marcos Jalda, «la empresa tenía pedidos y proyectos, pero un buen día todo se vino abajo». Siete compañeros, cargos intermedios y directivos de la antigua Maquipes, maquinaron durante meses una salida al laberinto del paro, en parte animados por clientes que seguían demandando sus servicios.
Cinco meses más tarde y muchas noches de vigilia después, arrancó Zero Pro, la cooperativa nacida del talento emprendedor de aquellos siete parados a su pesar. Hoy la firma es una de las grandes proveedoras de soluciones robóticas para el sector gallego de la industria alimentaria, sobre todo relacionada con la transformación de los productos del mar. En apenas un año de vida, desde su nave industrial del Centro de Iniciativas Empresariales de la Zona Franca en el polígono de A Granxa (Porriño), se han convertido en una referencia para el diseño de máquinas autómatas programadas para el ciclo final de las cadenas productivas.
Agilidad y sacrificio, las claves
En un mes fueron capaces de crear una solución robotizada para el estuchado de una conservera donde ese envasado manual originaba casi el 90% de las bajas laborales. Las máquinas permitieron desviar el personal a otros puntos de la línea productiva y casi duplicar la capacidad de venta de la empresa.
«Hoy tenemos dos patentes en marcha que pretendemos presentar en la próxima World Fishing Exhibition y trabajamos con clientes de varias comunidades autónomas», comenta uno de los socios. Bodegas Peñascal de Valladolid (que comercializa la marca Antonio Barceló), la palentina Frío Industrial y alguna firma portuguesa trabajan ya con los robots de Zero.
«Hemos salido o estamos saliendo de la crisis -dice Jalda-, pero que nadie se crea que ha sido fácil». «De la crisis se sale, pero es duro». Y a juzgar por su relato, lo fue: «Todas esas ayudas de las que hablan para los emprendedores están más lejos de lo que parecen», sentencia el comercial de la firma. María Puente, Mariluz Lorenzo, Santiago Martínez, Diego Lorenzo, Fernando Rodríguez, Alberto Lago y Marcos Jalda optaron por una cooperativa como fórmula para trabajar.
«Nos pareció la opción que más encajaba en nuestro proyecto, pero los bancos huyen de las cooperativas como si fuésemos apestados». El suelo industrial en el área de Vigo superaba los 6.000 euros el metro, por encima de la vivienda media. A través de un compañero llegaron al CIE. La Zona Franca creyó en su proyecto y les cedió una nave en alquiler. «Arrancamos poniendo 12.000 euros por socio y endeudándonos», recuerda Jalda.
Ellos son la demostración empírica de que con acierto y valor no hay crisis que se resista. Aunque para ello haya que estar dispuestos a sufrir. «Competimos con empresas del País Vasco o Cataluña y para ganarles ofrecemos mejores plazos, un servicio posventa más rápido y precios agresivos». Su alianza con la ingeniería Aequs les permite dar respuestas ágiles a la demanda. Aequs trabajaba en exclusiva para el sector de la automoción, hasta que la crisis les hizo pensar en diversificar el negocio. Ahí nació su comunión con Zero Pro. De momento, ha servido para darle esquinazo a la recesión.
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