La crisis ha provocado un aumento del consumo de las marcas blancas que, a su vez, ha incidido en el descenso de los precios que los productores reciben en sus explotaciones. Sin embargo, una visita al proceso de transformación de la leche cruda en producto comercial justifica sobradamente la actitud del consumidor que elige una marca blanca. La leche que se envasa en la factoría es siempre la misma, únicamente varía la cantidad de nata.
En el reportaje de la página anterior, la partida de leche se envasó en cartones de litro y medio de la marca Leche Río, pero podría haber ido a parar a cualquier otra de la docena larga de marcas que se envasan en la planta. Cuando se recibe la materia prima, uno de los primeros procesos a los que se somete es la homogeneización de su materia grasa. Los técnicos preparan el tanque base para producir al día siguiente leche desnatada, semi o entera.
Durante toda la jornada se envasará leche con el mismo nivel de nata, pero de marcas muy diferentes, sin que se produzca diferencia alguna entre unas marcas y otras más allá del diseño del cartón y de la calidad del tapón. El producto interior es idéntico; los precios con los que luego será puesto a la venta, muy distintos.
Materia controlada
El hecho de tratarse de una materia prima con unos estrictos parámetros que deben cumplirse a rajatabla determina que no se produzca cambio alguno en el envasado más allá del tipo de cartón en el que se almacenará la leche.
Los costes que se van sumando en el proceso de la producción de la leche en Galicia suponen que entre el precio de venta medio -30 céntimos por litro- que recibe el dueño de la explotación y los 80 céntimos de media aproximada que le cuesta un litro de leche al consumidor queda medio euro que se reparten la empresa transformadora y el distribuidor.
Al primero, la transformación del producto le supone un gasto aproximado de entre 20 y 23 céntimos, con lo que los beneficios que se reparten transformador y distribuidor rondan los treinta céntimos por litro (justo la cantidad que recibe el productor), dado que los gastos de la última parte de la cadena suponen la carga menor de todo el proceso.
Acuerdos complejos
Los acuerdos entre estas dos partes del proceso son complejos y cambiantes. El precio que acuerdan está también sometido a la producción para las marcas blancas de los distribuidores. Y de esa negociación sale marcado en muchas ocasiones el precio que reciben finalmente los productores, que, cabe recordarlo, cobran su producción un mes después de haberla entregado y es entonces cuando conocen el precio final que recibirán.
En el actual contexto de exceso de producción y entrada de leche europea a precios casi de dumpin, la capacidad negociadora de los ganaderos es nula y el precio viene marcado, básicamente, por las empresas distribuidoras.