Las vacaciones obligadas de Citroën

ECONOMÍA

La crisisLa crisis del automóvil impone a los 8.500 empleados el mayor período de descanso invernal en los 50 años de la fábrica en Vigo

21 dic 2008 . Actualizado a las 12:20 h.

Trabajar en Citroën es sinónimo de orgullo y de vigués. Incluso cuando vienen mal dadas, la cadena de montaje imprime carácter dentro y fuera de la planta. «Nunca reniegues de la mano que te da de comer, es de justicia», dice Juan, mientras se ata los cordones de las zapatillas deportivas y se dispone a caminar a paso rápido por el paseo de Samil. Tiene 49 años y está empleado en el área de logística. «Mira, ¿a quién no le gusta el descanso? Si te digo que preferiría estar trabajando, mentiría, pero también te digo que no son unas vacaciones deseadas. No así», afirma. Rechaza fotografías. «No quiero problemas», dice.

Como Juan, 8.500 empleados de Citroën no trabajan ya desde hace días. La mitad de la plantilla lleva dos semanas de vacaciones. La otra mitad paró motores el día 11. Nunca antes, en los 50 años de vida de la multinacional en Galicia, el descanso navideño había durado más de 15 días. Este año se prolongará durante 30 jornadas (el regreso está marcado para el 7 de enero) pero el ajuste no tendrá el más mínimo impacto sobre las nóminas.

Los trabajadores son conscientes que, de no ser así, ahora, muy probablemente, en Vigo se estaría hablando de un expediente de regulación de empleo (ERE). «Estas vacaciones no son buenas, son un mal menor que, a la larga, lo vamos a acabar pagando», afirma José Cerqueiro, a golpe de pedal sobre la bicicleta estática del gimnasio instalado en la sede de la asociación Grupo de Empresas PSA Peugeot Citroën, una especie de centro recreativo al que acuden a ponerse en forma o a echar la partida los empleados.

Es jueves y hay poca actividad. «La gente está ya en la aldea, hay muchos de Ourense y de por ahí que marchan siempre», cuenta José. Tiene 52 años y trabaja en Citroën desde hace 35 años. Pese a su veteranía en el sector, reconoce que la situación es preocupante. «Esta es una solución que buscó la empresa, pero para mí, es pan para hoy y hambre para mañana. A partir de enero, si esto empeora y se tienen que parar las líneas, a ver qué pasa», afirma.

«Otros están peor»

Atento a las palabras de José está Francisco Vicente, trabajador de oficinas de Citroën. Carrera va, carrera viene, por delante del ciclista estático, escucha y asiente. Tiene 47 años, y lleva 30 empleado en la multinacional francesa. Asegura que esta no es la primera crisis del automóvil que le ha tocado vivir, aunque reconoce que ahora las circunstancias son otras. «La crisis de los ochenta fue dura, pero no como esta. Es que esta es mundial.... El dinero de los bancos no revierte a los trabajadores», afirma. ¿Además de deporte, en qué emplean el tiempo los trabajadores durante estas largas vacaciones? «Yo estoy de amo de casa, mi mujer trabaja... Hoy fui a la compra, hice la comida...», cuenta José.

En la planta superior del centro recreativo, dos jubilados de Citroën comparten clase de pintura con Consuelo y Beatriz, las esposas de dos trabajadores en activo. «Me encanta que esté de vacaciones, me va a la compra y decide lo que comemos y lo que cenamos», asegura Consuelo. «¿Preocupación por el futuro? Hay mucha gente que está peor», afirma la artista.