El incremento del desempleo en el colectivo inmigrante hace crecer el número de embargos

La Voz

ECONOMÍA

La mano ancha de las entidades financieras en la época de mayor eclosión del bum del ladrillo -criticada en reiteradas ocasiones por el Banco de España- tiene uno de sus reflejos en el colectivo inmigrante. El ejemplo de empleado sudamericano de la construcción que se ha ido al paro y no puede hacer frente a la hipoteca explica un buen número de los impagos a entidades financieras, sobre todo en la zona centro del país y en la costa mediterránea.

«Por fortuna, se trata de un perfil poco frecuente en la comunidad gallega, cuyas entidades registran unas tasas de morosidad muy inferiores a las españolas», explican a este periódico fuentes consultadas del sector financiero. Por otra parte, los bancos también están dejando de apretar las tuercas a sus deudores hipotecarios para evitar el aumento de su cartera de créditos morosos y retrasar, en la mayor medida de lo posible, los embargos de las viviendas. Bancos y cajas duplican incluso el plazo para comenzar los procesos de ejecuciones hipotecarias, que pasa de los tres a los seis meses.

Hasta ahora, los directores de zona de las entidades apremiaban a sus empleados y responsables de oficinas a que suscribiesen el mayor número de préstamos hipotecarios posible. La oficina más aplaudida era la que más créditos a la vivienda firmaba. Y eso llevó a flexibilizar las condiciones. Ahora son esos centros de trabajo los que soportan una mayor morosidad.