En España la tasa de paro se sitúa en el 10%, mientras la media europea y la del país galo continúan aproximándose al 7%
11 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Solo en los últimos meses hemos tomado conciencia del progresivo deterioro de nuestra situación económica. Desde hace ya bastante más de seis meses mientras nuestros vecinos franceses percibían su futuro económico con profundo temor y preocupación, la opinión mayoritaria en España (de gobernantes y agentes sociales en general) era de plena confianza en el futuro. Claro que, casi de repente, en España hemos tenido que ver cómo de la confianza en alcanzar muy pronto el pleno empleo hemos pasado a que se nos considere campeones de Europa en tasa de paro.
Como recogemos en un gráfico para los últimos dos años si partíamos en España de una tasa de paro ligeramente inferior al 9%, y Francia se situaba ligeramente por encima, con el paso de los meses mientras la economía gala ha seguido en esto una senda de reducción paralela a la de la media de los Estados de la Europa de los 27, la economía española desde hace aproximadamente un año ha cambiado completamente de rumbo.
Mientras la media europea y Francia continúan aproximándose al 7%, nosotros estamos ya a punto de superar el 10% de tasa de paro. No parece que estemos siendo afectados de la misma manera por una situación internacional (precios de la energía, materias primas, crisis financiera, alza de los tipos de interés, etcétera) que sin lugar a dudas compartimos.
Lejos del patrón europeo
España se está apartando claramente del patrón europeo en lo relativo a las repercusiones del escenario internacional sobre nuestro mercado de trabajo. Lo que obligaría a buscar razones internas específicas que expliquen ese comportamiento diferencial. Porque si la situación se contempla con las cifras absolutas de parados (en miles) que recogemos en otro gráfico -ya solo para Francia y España- en los últimos doce meses el resultado es de nuevo desalentador.
Hace un año que teníamos seiscientos mil parados menos que Francia, pero a día de hoy mientras ellos han reducido su volumen de paro en trescientos mil en los últimos doce meses, nosotros lo hemos aumentado en casi quinientos mil. El resultado es que ya hemos superado en más de cien mil personas su volumen absoluto de paro, cuando en población somos casi veinte millones de ciudadanos menos.
Si hasta ayer mismo la economía española crecía más que la francesa parece que lo hizo generando más bien unos jugosos excedentes empresariales que no una estabilidad de las rentas salariales y del empleo. En ese sentido creo que es engañoso un indicador como el de la renta o el producto interior bruto (PIB) por habitante con el que sí nos estaríamos acercando al nivel medio francés.
A la vista de esta antagónica y tan desigual tendencia me parece muy recomendable la lectura de los solventes informes y debates que ya por el 2004 y el 2005 tuvieron lugar en el Parlamento francés con vistas a poner al día su economía en lo relativo a los retos de la globalización. La luz de alarma se les había encendido al comprobar el paulatino descenso de sus otrora nutridos superávits comerciales con el exterior. Así, en www.senat.fr puede consultarse el informe en dos tomos (n.º 416) de su Comisión de Finanzas titulado Délocalisations al que había precedido otro (n.º 374) titulado Délocalisations: pour un néo-colbertisme européen .
De tales informes y debates creo que podrían aprender bastante nuestros asesores en las muy sesudas oficinas económicas o nuestros -aún más habituales-contratadores de informes de las más variadas consultorías.
Y así, mientras ellos tensionaban su tejido social con estas amenazas y problemas, nosotros convivíamos con déficits comerciales crónicos y galopantes que quedaban oscurecidos bien por unos balsámicos ingresos por turismo, bien por nuestro muy peculiar bum edificatorio. Y salvo algún meritorio intento de reflexión en Cataluña, en el conjunto de España parecía suficiente decir vagamente que apostábamos por un nuevo modelo de crecimiento. Con generalidades como un mayor esfuerzo en I+D+i o en las TIC y en la mejora de la productividad. Toda una estrategia nacional que, a la vista de los datos de las dos gráficas, ya está dando frutos espectaculares.