Tailandia pone a la venta sus reservas de arroz para paliar la escasez de comida

N. Bore

ECONOMÍA

Prohibir la exportación de alimentos -medida que tomaron, en mayor o menor medida, la pasada semana países como Brasil, China, Egipto, Vietnam o India- no es el camino correcto para enfrentarse a esta crisis mundial. Tanto es así, que ayer el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick -presente en la conferencia que la ONU celebró en Suiza- pidió a los países productores que abandonaran las restricciones a la exportación de alimentos porque, si bien garantizan el abastecimiento interno, reducen la oferta y tiran al alza de los precios.

«Urgimos a los países a no utilizar prohibiciones a la exportación. Estos controles alientan el acaparamiento de alimentos, suben los precios y perjudican a las personas más pobres del mundo», subrayó Zoellick.

Por su parte, el primer ministro tailandés, Samak Sundaravej, anunció ayer que su país (principal exportador mundial de arroz) venderá a la población todas sus reservas de arroz a un precio reducido, como modo de paliar el desabastecimiento de alimentos y también como fórmula para tratar de bajar los precios, ya que el arroz es uno de los alimentos básicos del país, así como de Asia y el mundo.

De este modo, Tailandia venderá los 2.100 millones de toneladas de reservas de arroz en bolsas de cinco kilos y a un precio equivalente a cinco dólares o 3,5 euros cada una, es decir, a un coste menor que el real.

El dinero que el Gobierno ingrese por las ventas de sus reservas será nuevamente reinvertido en la compra de más arroz con el que reponer el consumido, según confirmó Sundaravej.

El ejemplo de Ucrania

Otro país que ha reconducido su estrategia frente a la crisis ha sido Ucrania, que ha levantado la prohibición inicial impuesta a la exportación de trigo. «Exportar de nuevo se ha traducido en una caída inmediata de los precios», afirmó el presidente del Banco Mundial.

Idéntica lectura hizo el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, quien afirmó que las restricciones a las exportaciones «no son buenas soluciones económicas a corto plazo» y que, obviamente, «se traducirán en un mayor aumento de precios».

En la reunión de Berna, aunque no se acordó la petición de una moratoria para los biocombustibles -uno de los factores a los que ONU y expertos responsabilizan de la crisis y del alto precio de los alimentos-, Ban Ki-moon sí reclamo que se revise la política de subvenciones a este tipo de energía verde, así como que se investigue más su impacto en la alimentación.