En la cumbre de la FAO afirmó que «el verdadero crimen contra la humanidad es relegar a los Estados pobres»
El presidente brasileño, Lula da Silva, lo ha dejado muy claro: son los países más ricos los que «distorsionan» el comercio mundial e «impiden» el desarrollo de los más pobres. Así lo afirmó en la apertura de la fase ministerial de la trigésima Conferencia Regional de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). De este modo, Lula rechazaba de plano lo dicho el lunes por el relator de las Naciones Unidas, Jean Ziegler, que calificó de «crimen contra la humanidad» la producción masiva de biocombustibles, a los que relacionó directamente con la crisis mundial por la subida desmedida del precio de los alimentos.? «Es muy fácil estar sentado en un sillón de Ginebra y opinar sobre lo que pasa en Brasil o en África», aseveró Lula, cuyo país es uno de los principales productores de etanol de caña de azúcar del mundo. El presidente, que defendió los combustibles verdes porque pueden ser «una salida a la miseria», acusó a las naciones desarrolladas de intentar crear un clima de opinión contrario a los biocarburantes, eludiendo así su responsabilidad en la crisis alimentaria que sacude a más de una treintena de las naciones más pobres del planeta.
La bioenergía como «villano»
«Los más pobres no pueden seguir asumiendo las culpas de los países más ricos» dijo el presidente brasileño, negando que los primeros fueran los «causantes de los altísimos precios del petróleo», ni quienes «distorsionan» el comercio mundial, pero son las «víctimas» de las crisis alimentaria. Para Lula, los biocombustibles no son «el villano» de esta situación, que obedece, según él, a los «carísimos precios» del petróleo, que inciden en el alza del transporte y la producción, a lo que se suma el cambio climático, que merma las cosechas; la especulación en los mercados de materias primas y el aumento del consumo de países emergentes, «porque los pobres han comenzado a comer».
Lula insistió en que la solución pasa por «producir más y mejor», y añadió que los países desarrollados tienen que «ceder» para que «ganen los pobres». Así, pidió acabar con el proteccionismo agrícola y considerar la seguridad alimentaria como «política de Estado global», ya que las «estructuras actuales» del comercio relegan «a la miseria» a las naciones en desarrollo.? El director general de la FAO, Jacques Diouf, se mostró de acuerdo con el brasileño en que la crisis de los alimentos obedece a múltiples causas, y abogó por debatir «seriamente» el posible impacto que en ella puedan tener las bioenergías.
La lectura de Merkel
Por su parte, la canciller alemana, Angela Merkel, atribuyó ayer a las políticas agrarias de los países en desarrollo y a los nuevos hábitos alimenticios, pero no a los biocarburantes, la subida de precios. «Cuando los indios, de repente, consumen el doble de alimentos que antes y cien millones de chinos comienzan a consumir leche, suben las cotizaciones», afirmó, responsabilizando a las naciones emergentes de no haber realizado una buena planificación. Mientras, la Comisión Europea anunció que realizará un estudio «sin tabúes» sobre el impacto de los biocombustibles sobre la agricultura, la alimentación y el medio ambiente.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios