El aumento lineal del 2% aprobado en Bruselas a principios de la pasada semana es el primer descenso en ese «aterrizaje suave» hacia un escenario sin cuotas lácteas que pretende la Comisión Europea. Supuestamente, a los cupos de producción les quedan siete años de vida. En el 2015 se pondrá fin a un sistema de regulación del mercado que lleva 20 años dando quebraderos de cabeza a los ganaderos gallegos.
Desde que a mediados de los ochenta España se incorporó a la UE y le fue asignada una cuota estatal notablemente inferior a su consumo interno, los topes individuales se convirtieron en el principal problema para la viabilidad de un buen número de explotaciones.
Los ganaderos se vieron obligados a desembolsar cientos de millones de euros para pagar las multas por excesos de producción y para comprar -hasta el 2005 a otros ganaderos y después a la Administración- mayores derechos de producción con los que dimensionar convenientemente sus granjas. Según datos de algunas organizaciones profesionales, el montante de estas operaciones superó los 200 millones de euros.
Patrimonio devaluado
La realidad actual, tras el anuncio del ministerio de ceder sin coste la cuota del banco coordinado y la reserva nacional, es la de que tras el anuncio de Bruselas de que las cuotas se van acabando, estas van perdiendo valor. Si en el plan de abandono del 2005 el kilo de cuota entregada al fondo nacional se pagaba a 50 céntimos, el año pasado esta cantidad se redujo hasta los 19. Ello ha provocado el desánimo general entre aquellos productores que consideraban su cuota como un valor patrimonial (incluso los bancos la aceptaban como aval). Especialmente perjudicados se siente aquellos que adquirieron miles de kilos a precios superiores incluso a los 60 céntimos y que ahora comprueban que apenas valen 20.