Endesa, que maneja en Galicia cerca de 600 megavatios eólicos y se ha convertido en la compañía más beligerante con el decreto que la Xunta ha aprobado para regular el sector -un documento que ha recurrido en vía contenciosa ante los tribunales-, se ha asociado con una filial de la francesa EDF (Energies Nouvelles) y con la lusa DsT (Domingo da Silva Teixeira) para la puesta en marcha en el Alto Minho portugués del mayor parque eólico de Europa.
La inversión supera los 325 millones de euros e implicará la colocación de 120 aerogeneradores a escasos kilómetros de la frontera con Galicia. Los municipios gallegos de la raia han expresado su frontal oposición al levantamiento de molinos de viento en sus montes. Pero en el país vecino han optado por tomar la delantera y abrir el mapa eólico con instalaciones de gran envergadura. El primer ministro portugués, José Sócrates, y el responsable de Economía del Ejecutivo luso, Manuel Piho, ya han incluido la producción energética mediante fuentes renovables en el plan estratégico industrial y económico nacional. Junto a la acuicultura, el turismo y el sector forestal, los parques eólicos contarán con ayudas prioritarias a la instalación, lo que recortará sustancialmente los tiempos de tramitación de las obras.
Endesa lleva años solicitando nueva potencia en Galicia, una de las dos zonas más privilegiadas en viento de la península Ibérica, junto al estrecho de Gibraltar. En el 2007, la compañía se desmarcó de la Xunta tras criticar el parón en la tramitación de nuevos planes y reclamó directamente a Madrid varios parques superiores a los 49 megavatios, renunciando a un 20% de la prima que se concede a los de menor potencia. En total, Endesa tiene pedidos 550 megavatios mediante esta fórmula.
Cuatro municipios
Su filial lusa, Finerge, adquirida a Sacyr en el año 2005 por 167 millones de euros, se ha enrolado junto a EDF y DsT en un parque que se situará a caballo de los municipios lusos de Valença, Melgaço, Monçao y Paredes de Coura.
Endesa renunció en febrero seguir vendiendo electricidad en Portugal ante los «privilegios» de la empresa pública EDP. Pero no así su incursión en el sector eólico. El presidente de la compañía en el país vecino, Nuno Ribeiro, denunció que el mercado eléctrico luso «ha sido destruido» y que Sodesa, su filial que importaba la electricidad de España, se había quedado «sin oxígeno» para continuar su actividad.
«Las tarifas son artificialmente bajas en Portugal ?-llegó a decir-, están subsidiadas y distorsionadas, porque EDP ha reforzado el monopolio de la producción».