Los 18 parques que modifican el paisaje dejan aún poco dinero a los vecinos
El país del viento tiene a Muras por capital. Aunque no haya documentos que reconozcan la existencia oficial de dicho territorio, basta la abundancia de parques eólicos para certificar esa impresión. Según datos del año pasado, hasta 18 parques ocupan terrenos del municipio chairego, lo que da empleo a unas diez personas; sin embargo, solo la tercera parte de las aspas están en este concello, mientras que el resto se comparten entre As Pontes, Ourol, O Valadouro, Xermade y Vilalba.
Lo que sí comparte este territorio, sea cual sea el número de ayuntamientos afectados, es el dinero que toca como compensación por los aerogeneradores. Cuando se trata de terrenos privados, los ingresos parecen ir en proporción directa al suelo ocupado. Así, un vecino como Manuel Barro afirma que recibe alrededor de 90 euros anuales por un parque situado en la parroquia de O Viveiró. En cambio, otro vecino de esa misma zona, Jesús Penabad, dice que ingresa unos 600 euros anuales.
¿Es mucho? ¿Es poco? «Algo é algo», dice este último vecino.
El primero de ellos asume que antes de la instalación de los aerogeneradores hubo una reunión, de la que no recuerda rechazo de ninguno de los asistentes, y agrega que el terreno no permite ningún otro aprovechamiento que el de albergar la versión actualizada de los molinos de viento.
Cambios a corta distancia
Sin embargo, las repercusiones económicas de los aerogeneradores pueden variar con solo pocos metros de distancia. Así ocurrió, por ejemplo, con el parque eólico Goia-Peñote, que comparten Muras y Xermade. Los vecinos del ayuntamiento de Muras, unos 40 en total, reclamaban a Gamesa 4.800 euros anuales, que se irían actualizando con el IPC, por la instalación de un aerogenerador; pero ellos no querían vender el terreno sino alquilarlo, y esa discrepancia acabó en un proceso de expropiación que permitió a la empresa montar la maquinaria. Los vecinos, según comenta Manuel Barro, aún no han cobrado por ese concepto, aunque suponen que ingresarán en total 16.000 euros. De todos modos, la expropiación -trámite que no resulta habitual, pues el 93% de los terrenos se logran por acuerdo entre las partes, según explican fuentes del sector- no ha dejado buen recuerdo.
En Xermade, mientras tanto, la comunidad de montes de Lousada alcanzó un acuerdo con la empresa que explota el viento en estos montes y lleva años ingresando una cantidad por cada aerogenerador. Artemio García, presidente una agrupación de unos 70 comuneros, explica que la cantidad inicial, 2.250 euros por cada uno de los once aerogeneradores, se ha ido actualizando.
García explica que con esa cantidad, que en total suma casi 25.000, tiene repercusiones concretas: «Vanse cubrindo as necesidades da parroquia», dice. Las fiestas de la Pascua y de San Andrés y una romería veraniega que se celebra en el monte de Goia se financian con dinero del viento, que previsiblemente ayudará también a arreglar un local de una asociación en unos años en los que la falta de cortas impide obtener fondos por venta de madera.
Desde el monte Goia, además, se divisan unas amplias vistas que abarcan tanto las sierras de la Carba y del Xistral, frontera norte de la Terra Chá, como la chimenea de la central térmica de As Pontes. Allí, a más de 800 metros de altura, se comprueba con más perspectiva la proliferación de parques eólicos y se puede reflexionar sin ningún otro ruido que el movimiento de las aspas.
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