La crisis de la construcción expulsa de Fuerteventura a 3.000 gallegos

Natalia Bore

ECONOMÍA

Desde el pasado verano cientos de trabajadores han optado por retornar a Galicia o por buscar empleo lejos de las islas

24 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Las cifras se muestran igual de esquivas a la hora de concretar con exactitud lo numeroso de la comunidad gallega que, aprovechando el despegue turístico de Fuerteventura -hace algo más de una década- llegó a la isla para trabajar en la construcción de hoteles y complejos residenciales, que ahora, cuando la marea de trabajadores está optando de forma masiva por retornar, obligada por la crisis del sector. Las fuentes oficiales estiman que Fuerteventura ha llegado a tener censados hasta 12.000 gallegos entre su población de apenas 100.000 habitantes y que en el último año, especialmente a partir del verano, la han abandonado en una cifra no menor a las tres mil personas. Ésta es la isla del archipiélago canario con mayor concentración gallega, pues son, tras los propios majoreros, el segundo colectivo demográfico de Fuerteventura.

Los tres factores

Pero la crisis de la construcción que explica el éxodo de los trabajadores no tiene un motivo único, ya que responde a la combinación de tres factores: en primer lugar, la moratoria que el Gobierno canario aprobó, suspendiendo todas las licencias y expedientes de obras destinadas al turismo, y que se ha traducido en la práctica paralización de la construcción hotelera en el territorio; seguida de la saturación del mercado inmobiliario unida al encarecimiento de las hipotecas, que propició la inundación de oferta de vivienda para una demanda en franco retroceso y, por último, la llegada de inmigración -especialmente latinoamericana, magrebí, subsahariana, rumana y búlgara- que ha abaratado el precio de la mano de obra. Así las cosas, los miles de gallegos que llegaron a partir de la segunda mitad de los 90, atraídos por el bum de la construcción, se ven en la tesitura de elegir entre el regreso a su tierra de origen o probar suerte en otros puntos, tanto de la península como de fuera de ella. De hecho, Cabo Verde o Marruecos están tomando el relevo de Canarias en la construcción turística.

Lo cierto es que, como afirman tanto los promotores como los trabajadores del sector, lo que en su día fue Eldorado para los gallegos, que llegaron a la isla con el reclamo de empleo seguro y salarios que podían alcanzar los 3.000 euros al mes -ahora están en la mitad- e incluso doblarlos, se ha evaporado. «A un oficial aquí pagábanlle a 1.500 ó 1.700 pesetas da época á hora. Houbo xente que chegou a gañar ata un millón ao mes poñendo azulexo e plaqueta a metro, en dez ou doce horas. Pero socialmente non éramos naide. Se non traballabas, non cobrabas. Dereitos cero», recuerda el lucense Carlos Lago, fontanero.

El «paraíso» canario, de trabajo duro y jornadas de sol a sol, pero salarios abultados, ha desaparecido. «Xa non hai obras. As poucas que estanse a facer son de licencias de antes da moratoria. Os galegos imos donde hai noces que coller, senón non paramos», resume José Manuel Alfonso, encargado de obra y residente en la isla desde 1995.