La crisis del petróleo y la amenaza del cambio climático obligan a la Unión Europea a replantearse el uso de la energía atómica y la construcción de nuevas centrales
El 16 de marzo de 1979 la central nuclear de Ventana, cerca de Los Ángeles, en Estados Unidos, sufrió un grave incidente que a punto estuvo de derivar en una colosal catástrofe, cuando uno de sus reactores se sobrecalentó por una avería en el sistema de refrigeración y su temperatura empezó a elevarse sin control. Por momentos, se pensó que el calor podría fundir el reactor y su combustible, provocando un fenómeno que los científicos sólo habían valorado hasta entonces en hipótesis de laboratorio: el magma nuclear podría calentarse hasta derretir la corteza terrestre y atravesar el planeta hasta las antípodas.
El síndrome de China, como se conoce al improbable suceso que dio nombre a la película de James Bridges glosada en la trama ficticia que acabamos de relatar -Jack Lemmon y Jane Fonda, sus protagonistas, estuvieron nominados al Óscar-, es uno de los mejores ejemplos del miedo atávico que provoca la energía nuclear. Una fuente barata, que no emite CO2 y que puede contribuir a frenar el efecto invernadero, pero capaz también de provocar un verdadero cataclismo.
El primer ministro británico, Gordon Brown, ha anunciado recientemente que autorizará la construcción de nuevas plantas nucleares en el Reino Unido, tras constatar que la capacidad productiva de la industria energética de su país no permite reducir la emisión de gases de efecto invernadero, ni afrontar las necesidades de consumo de la población. Lo mismo que en el resto de la UE, donde hay 150 plantas, la mayoría de las cuales datan de los años sesenta y setenta, justo cuando la industria nuclear se ganó esa negra imagen que reflejan películas como El síndrome de China.
Error
«En aquella época se pensó que la energía atómica era un asunto demasiado complejo como para explicárselo al público y se optó por no explicar nada. Fue un error», asegura Santiago San Antonio, director general del Foro Europeo de la Energía Atómica (Foratom), la asociación que agrupa a las principales propietarias de centrales del continente, entre ellas las españolas Endesa, Unión Fenosa, Iberdrola e Hidrocantábrico.
La industria lleva lustros tratando de lavar esa pésima imagen, que ya contaba con el lastre psicológico del bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki y del uso disuasorio de la bomba atómica durante la guerra fría. Pero su fama se fue hundiendo más y más a medida que el pensamiento ecologista se abría paso en Occidente, a lomos de la denuncia de las tropelías en las que derivaba el uso civil de las tecnologías de fisión del átomo.
Conciencia antinuclear
La conciencia antinuclear se alimentó de los vertidos de residuos al mar, y alcanzó su punto álgido con la tragedia de Chernóbil en 1986. Siete de cada diez europeos siguen oponiéndose hoy a las centrales, bajo el mismo eslogan de entonces: «¿Nuclear? No, gracias».
Para vencer esa esa resistencia, la industria no se ha cansado de subrayar que la tecnología atómica es imprescindible para resolver los problemas energéticos de la UE. Y el anuncio de Brown ha sido un espaldarazo, pues no son muchas las ocasiones en las que un Gobierno de izquierdas, que se jacta de sus preocupaciones medioambientales, propone levantar nuevas instalaciones.
Pero quien pretenda ese ambicioso objetivo deberá antes ganar la batalla de la comunicación pública, porque la energía nuclear aún sigue nutriendo el argumentario de las películas de catástrofes. Aunque lo que alimenta el miedo no siempre es la ficción: el 28 de marzo de 1979, doce días después del estreno de El síndrome de China, la planta de Three Miles Island, en Pensilvania, sufrió un accidente similar al de la imaginaria central de Ventana. Fue el incidente nuclear más grave de la historia de Estados Unidos.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios