Aunque se resiste a pronunciar la palabra recesión, el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, señaló ayer en el Congreso estadounidense que ante la maltrecha salud de la economía del país es necesario aprobar de manera urgente un paquete de medidas que la estimulen. El presidente George W. Bush coincide con el responsable de la política monetaria norteamericana y ya ha anunciado que está analizando las propuestas que hará en breve con este objetivo.
Bernanke compareció ayer ante el Comité Presupuestario de la Cámara de Representantes para repasar el delicado estado de la economía estadounidense, cuyo ritmo de crecimiento se ha ralentizado de forma notable en el 2007 y amenaza con seguir por este camino en el 2008. No son pocos los analistas que aseguran que el país ya ha entrado de facto en una recesión, aunque saber el cuándo no es lo más importante. Sí lo es reconocer que las cosas van mal -caída del consumo, repunte de la inflación, malos datos de empleo, altos precios del petróleo, crisis crediticia y pinchazo inmobiliario por la tormenta de las hipotecas subprime - y que no se puede seguir con los brazos cruzados.
Y eso es lo que ha hecho Bernanke, quien señaló que la economía estadounidense necesita un estímulo fiscal rápido y temporal, aunque advirtió a los legisladores de que deben sopesar cuidadosamente las opciones antes de rebajar los impuestos o incrementar los gastos.
Rapidez
El presidente del banco central estadounidense dijo que para que el paquete de estímulo fiscales sea útil «debe aplicarse rápidamente y debe estructurarse para que sus efectos sobre el gasto agregado se perciban dentro de los próximos doce meses» aunque, al mismo tiempo, ha advertido de que cualquier plan debería ser «explícitamente temporal, de manera que se evite un estímulo no deseado más allá del corto plazo y, lo más importante, para eludir un aumento en el déficit del Gobierno federal». Como ya hizo en ocasiones anteriores, Bernanke sugirió que la Reserva Federal está dispuesta, en su reunión de finales de mes, a volver a recortar los tipos de interés para apuntalar el crecimiento.
Por su parte, la Casa Blanca admitió por primera vez que Bush está a favor de aplicar «estímulos a corto plazo» para evitar una desaceleración más brusca, aunque sus portavoces no dieron detalles del plan que tienen en mente y que el Gobierno ya ha comenzado a discutir con el Congreso.
El congresista republicano de Ohio, John Boehner, aseguró ayer a la prensa que el paquete de medidas podría suponer un desembolso de entre 100.000 y 150.000 millones de dólares (entre 146.900 y 220.365 millones de euros), aunque no descartó que esta cifra sea mayor.
Mientras se debate qué iniciativas debería incluir el programa, algunos demócratas se han mostrado ya a favor de poner en marcha planes de empleo o devoluciones fiscales. Uno de sus objetivos principales es hacer que los ciudadanos tengan más dinero en los bolsillos.
Víctimas de la crisis
Entre tanto, y como un nuevo ejemplo de la mala racha por la que atraviesa el sector financiero debido a la crisis hipotecaria que estalló este verano, el banco de inversiones Merrill Lynch, siguiendo la estela dejada esta semana por Citigroup y JP Morgan, anunció ayer que en el 2007 registró unas pérdidas de 7.777 millones de dólares, una cifra ligeramente superior al beneficio que obtuvo la entidad en el ejercicio anterior.