testimonio | Manuel A. Fontán | Pensionista
El caso de Manuel, un vigués de 79 años de edad que se animó a suscribir una hipoteca inversa días después de conocer el producto a través de un amigo, es representativo de la «función social» que el propio Estado atribuye a este tipo de rentas vitalicias cargadas contra la vivienda.
«Mi salud había empeorado bastante y, con ella, también mi calidad de vida», comenta Manuel A. Fontán, «soy viudo y mis dos hijos viven en Madrid. Yo no quería salir de Galicia y mi pensión (790 euros al mes) tampoco me permitía pagar un enfermero en casa para atenderme». Con este planteamiento de partida, la solución de una hipoteca inversa se le presentó como una oportunidad a considerar.
«Primero me asesoré en una entidad bancaria -relata-. Y después, antes de suscribir el contrato, lo comenté con mis dos hijos, a quienes no solo les pareció bien la idea, sino que me animaron a ponerla en práctica».
Ochocientos euros al mes
La tasación realizada sobre la vivienda de Manuel, y su edad, le permitieron firmar en unas condiciones que satisfacían sus necesidades: «Me dan algo más de 800 euros al mes, suficientes para pagarme una residencia geriátrica y utilizar la pensión para cubrir mis gastos personales». Su vivienda terminó alquilada para aumentar así la renta mensual disponible. Al final, el inmueble sirvió para aportarle cerca de 1.300 euros mensuales mediante las dos fórmulas (la hipotecaria y el arrendamiento). «Ninguno de mis hijos tenía intención de ocupar la casa de Vigo, por lo que tenerla vacía suponía un lujo casi absurdo en mi situación. El alquiler me ha permitido mejorar mi condición de vida».
En similares circunstancias se ha movido el caso de Dosinda Méndez, una coruñesa de 82 años que enviudó hace dos y vio sensiblemente mermados sus ingresos. Con una única hija casada y residente en Bilbao, la opción de una hipoteca inversa apareció como una solución «casi inesperada» para un importante problema de liquidez.
Alternativa atractiva
«Animé a mi madre a preguntar en su caja de ahorros por este producto -comenta Lucía, su hija de 60 años-. Yo lo conocía por algunos amigos vascos que se apuntaron o firmaron hipotecas similares para sus padres. Me pareció una alternativa muy atractiva, sobre todo porque ofrece distintas posibilidades tanto para la persona que va a percibir la renta, como para sus herederos».
En realidad, las hipotecas inversas permiten quedarse con la propiedad de la vivienda y, para ello, se puede devolver la cantidad que sus progenitores o familiares hayan cobrado hasta su fallecimiento, con ahorros propios o mediante una nueva financiación. Otra posibilidad también pasa por vender la vivienda y abonar con una parte del dinero la deuda contraída por los titulares de la hipoteca inversa con el banco.
Para el director de negocio hipotecario del Banco de Santander en Galicia, Arturo García, «una vez que se conozca y defina legalmente el producto habrá muchos más clientes». En su opinión, las hipotecas inversas cumplirán «una importante función social». García recuerda que el nivel de algunas pensiones en España condena a ciudadanos mayores a vivir «con una pobreza solemne que este tipo de rentas vitalicias podrían paliar en buena medida».
Los bancos, por otro lado, admiten no temer a posibles índices de morosidad elevados con este tipo de productos financieros que comprometen a terceros.
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