Cómo funciona un mercado energético abierto

Juan Oliver

ECONOMÍA

bruselas | ?l pasado 1 de enero entró en vigor en Bélgica la ley que liberalizó el mercado del gas y la electricidad. Pocos meses antes, cada familia recibió en casa una carta en la que se le informaba de que las compañías que hasta entonces monopolizaban la distribución y venta de la energía dejaban de hacerlo, y que eran libres de escoger entre ellas y la docena de nuevas empresas, nacionales e internacionales que prestarían el servicio. Hogares y empresas recibieron decenas de ofertas con precios y paquetes de tarifas de las distintas firmas y, a partir del 1 de enero, la liberalización fue una realidad. Hoy, si no les convence el servicio, si encuentran mejores precios, o si, sencillamente, su empresa les cae mal, no tienen más que ponerse en contacto con la competencia y cambiarse.

Bélgica es un país de tamaño no muy superior al de Galicia en el que viven algo más de 10 millones de personas, quienes, por disponer de buenas interconexiones energéticas con otros países, pueden beneficiarse de las ofertas de varias compañías extranjeras, como la alemana E.On, las francesas EDF y Gaz de France, la holandesa Essent y la británica Eneco.

La situación de Bélgica, sin embargo, no es extensiva al resto de Europa, donde la mayoría de los países apenas disponen de capacidad de interconexión. Es decir no puede vender su energía en otro país porque no tienen cómo transportarla.

La interconexión media en la UE ronda hoy el 5% de la capacidad total de generación eléctrica, pero en España no llega al 3%. Con esos mimbres, resulta prácticamente imposible poner en marcha un mercado único. La UE quiere alcanzar un 10% de interconexión antes del 2010, pero, por ahora, los belgas seguirán siendo de los pocos europeos que pueden beneficiarse de la libre competencia.