Sus estancias guardan la esencia de un tiempo que ya no existe
10 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.En breve está previsto que se inicien los trabajos de rehabilitación del lalinense Pazo de Liñares. Una obra magna en la que se emplearán casi tres millones de euros, para volver a la vida a este monumental edificio en el que el paso del tiempo y el abandono sufrido en las últimas décadas. En el 2002 fue adquirido por el Concello de Lalín y ya el interior se encontraba en un estado de ruina agravado por la entrada de agua por la cubierta. Pero Liñares es más que un pazo, entre sus paredes se guardan aún los símbolos de un modo de vida que se perdió para siempre y que relataba de forma minuciosa el historiador lalinense Francisco Rubia Alejos en un documentado estudio publicado en el 2004 en el Anuario de Estudios e Investigación Deza.
A través de él Francisco Rubia permite al lector adentrarse en la magia del pazo, entrar en sus aposentos, recorrer las estancias y hacerse una idea de como era la vida cotidiana de la familia Taboada en los meses de verano que pasaba en Lalín cada año. Una magia que solo puede dar la pátina del tiempo y un sinfín de elementos que aún guardan sus paredes y que son la esencia de Liñares.
A fin de preservar esa identidad Rubia Alejos recogió en su día abundante documentación e imágenes de cada rincón del pazo y trasladó a Patrimonio la necesidad de recuperar y mantener el mayor número de elementos originales posibles que ayuden a guardar la identidad de este monumental edificio.
Por su parte Patrimonio ya anunció que la rehabilitación seguirá unas estrictas directrices marcadas al tratarse de ser un Bien de Interés Cultural.
Una de ellas será la imposibilidad de alterar la composición y la tipología de las diferentes fachadas de mampostería de piedra del edificio, a excepción de una pared del cobertizo que se encuentra muy deteriorada. Se deberán también recolocar las actuales tejas y se mantendrá el empedrado existente en el vestíbulo de la entrada.
Responsabilidad
Al igual que hizo en su trabajo sobre Liñares, Francisco Rubia, apuntaba su deseo de que la rehabilitación se llevase a cabo «con sentimiento de responsabilidad y profundo conocimiento de sus valores y de la cultura pacega, respetando al máximo su identidad y conservando en la medida de lo posible con amor lo que hay, dejando a un lado protagonismos y alardes arquitectónicos».
Pese a los daños sufridos en el interior del edificio guarda aún muchos elementos interesantes y dignos de salvaguardarse. Francisco Rubia destaca las pinturas ornamentales que adornaban el salón principal mencionaba las puertas de elegante factura, los artesonados y algún que otro mueble olvidado.
El deterioro hizo que también durante estos años más de uno se colara en los aposentos de Liñares. La mayoría movidos únicamente por la curiosidad , pero quizás alguno también con otras intenciones menos inocentes.
Prueba de ello es que al parecer falta una puerta de las más destacadas y que la pila bautismal donde se cuenta recibió este sacramento Joaquín Loriga fue movida y cambiada de sitio, puede que con ánimo de hurtarla, algo que no se llevó a cabo.
Rubia Alejos solicitó en su día a Patrimonio que se salvaguarden lo máximo posible los elementos originales del pazo a fin de que este futuro e emblemático contenedor cultural dezano no pierda su corazón y que sus paredes y sus rincones puedan devolvernos a un tiempo que ya no existe.
Alma
Un alma del que forman parte los pomos, las viejas puertas o la madera que se pueda recuperar, material de forja de diversa índole, picaportes, bocallaves, o lagartos. Un sinfín de elementos que dan carácter al edificio y que tienen la fuerza que les da su historia de siglos y que se convertirían sin duda en un valor añadido del edificio una vez restaurado. Una riqueza de la que forman parte también los centenarios árboles que lo rodean.
reportaje rehabilitación del pazo lalinense