Al paso de los manifestantes de Industrias González por las calles de Lalín más de un vecino exclamaba «¡quen nos iba a decir que chegaríamos a esto!». Estas acciones se convirtieron en los últimos meses en algo cotidiano. Detrás se esconde el drama de muchas familias y de trabajadores que se quedan en la calle, algunos con pocas esperanzas de encontrar otro empleo.
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