Los tres especialistas de la unidad de enfermedades infecciosas del Clínico de Santiago hacen seguimiento de 700 pacientes con sida, la mayoría desde hace más de 15 años, afirma Antonio Antela, uno de los médicos que la atiende y presidente del 13º congreso español sobre el síndrome, que se celebra entre hoy y el viernes en la ciudad.
Además, el hospital compostelano participa en 11 ensayos clínicos de nuevas estrategias para la asistencia y para mejorar la calidad de vida de las personas infectadas por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Esos ensayos clínicos son sobre tratamientos antirretrovirales, nuevos fármacos, efectos secundarios de la asistencia, adherencia al tratamiento o calidad de vida.
Antonio Antela sostiene que el sida ocupa más del 80% del trabajo asistencial de la unidad. La relación con las personas afectadas ha experimentado importantes cambios: «ahora la mayoría están asintomáticas y tienen una esperanza de vida semejante a cualquier otra persona. Además, los nuevos tratamientos facilitan su cumplimiento», dice.
Hace años un paciente de sida consumía hasta 14 pastillas al día en varias tomas. Aquellos cócteles de fármacos salvaron la vida a muchas personas: «había una recompensa inmediata, que era una recuperación clínica importante. Ahora la mayoría precisan como mucho 3 o 4 fármacos al día y en una única toma. Incluso tenemos muchos pacientes a quienes les prescribimos un único medicamento, aunque no podemos hacerlo con todos, pues algunos no lo toleran y para otros no está recomendado», agrega.
Imitar a Estados Unidos
En el congreso que comienza hoy el tema estrella será mejorar el diagnóstico del sida, y así evitar que entre un 30 y un 50% de los nuevos casos lleguen tarde a consulta, cuando ya se ha desarrollado el mal.
Antela explica que en la mayoría de los casos, desde que una persona se infecta con el VIH transcurren entre 5 y 10 años hasta que se desencadena la enfermedad. En ese período no nota síntomas, aunque puede contagiar a otras personas.
Como en todo, hay excepciones: «en algunos casos el virus puede ser tan agresivo que en tres años se manifiesten síntomas de sida; y en otros que no progrese y no se manifieste nunca en la vida del paciente infectado. El problema está en aquellas personas que están infectadas y, mientras no tienen síntomas, no son conscientes de ello, incluso piensan que el sida no es de su incumbencia sino de otras personas; y cuando notan los síntomas llegan a consulta en una situación avanzada».
Para evitar esas situaciones, el especialista compostelano considera que se debe imitar a Estados Unidos «donde se ofrece realizar la prueba del sida, que consiste en un simple análisis de sangre, a todas las personas entre los 14 y los 65 años, que son las edades en las que se considera que hay vida sexualmente activa. De ese modo se consiguen diagnósticos más precoces. Porque la detección tardía no solo es un perjuicio para el paciente, sino para toda la sociedad, porque contribuye a mantener la epidemia», manifiesta.
Otro reto a superar es el estigma que aún permanece sobre las personas afectadas: «si alguien padece por ejemplo un cáncer genera compasión, pero hacia quien sufre sida aún hay muestras de rechazo. Eso es injusto y, además, contribuye a que parte de las personas que mantienen prácticas sexuales de riesgo se resistan a hacerse la prueba, cuando es la mejor opción».