No ha tardado muchos días en caer el francotirador de pacotilla que, en los últimos días, ha traído de cabeza a la policía compostelana. Armado con una carabina, durante varias jornadas se dedicó a hacer diana en varios lugares y objetos, aunque demostró una especial predilección por los taxis, los edificios y las cristaleras.
Atando cabos, los investigadores de la comisaría de Santiago le pusieron nombre a este individuo, de quien no han trascendido más datos que sus iniciales (D.F.B.), que tiene veinte años y que, aunque reside en Santiago, es natural de Lugo.
Los hechos se iniciaron hace casi dos semanas, cuando tanto a las oficinas de la Policía Local como del Cuerpo Nacional de Policía empezaron a llegar denuncias que tenían un nexo común: en todos los casos, los perjudicados daban a conocer la existencia de de daños que bien habrían podido ser causados con una escopeta de perdigones.
Varios taxis, mobiliario urbano, edificios de la zona de Romero Donallo e, incluso, las cristales de la Facultade de Políticas presentaban impactos que llevaron a pensar en que alguien, posiblemente una sola persona, se estaba dedicando a tirar al blanco sin ton ni son, poniendo en peligro además a las personas.
Finalmente, el cazador fue cazado. Según informa la policía, el propio muchacho reconoció los hechos que se le imputan, si bien no ha trascendido ninguna explicación para su conducta. Hasta que fue detenido, carecía de antecedentes policiales.
Los agentes le intervinieron una carabina de aire comprimido de la marca Hatsan, modelo AT-44, que puede disparar pequeños proyectiles de plomo de 5,5 milímetros.
El joven fue puesto en libertad con cargos. Ahora deberá responder de los daños que causó, que son importantes. Por fortuna, no ha herido a nadie, aunque uno de los balines es suficiente para saltarle un ojo a alguien o para causarle lesiones importantes.