Jugar en casa, un factor que por norma general supone un beneficio para los equipos, se ha convertido en un contra para el C.D. Estradense. Las tres derrotas que ha sufrido el conjunto rojillo en la temporada han sido sobre el césped de A Baiuca. La primera por 1-2 ante el Rápido de Bahía, la segunda por 0-2 ante el Pontellas, y la última el pasado domingo por 0-1 ante el Barbadás. Los dos últimos encuentros disputados por los rojillos en casa se han saldado con derrotas y han costado seis puntos a los de Javier Oreiro, que veían además cómo una victoria ante el Barbadás les habría aupado directamente a la primera posición de la tabla; en su defecto, los estradenses bajan al tercer cajón del podio en beneficio de un Choco que releva al Porriño al frente de la clasificación.
La derrota ante el difícil Barbadás se gestó en 90 minutos en los que los rojillos no consiguieron sentirse cómodos sobre el césped. Cuando daba la impresión de que los de Oreiro encaminaban sus ocasiones, el rival anotó el tanto del triunfo y rompió así los esquemas estradenses.
Las tres derrotas que los rojillos han encajado influyen de forma directa en el ánimo de toda la familia del Estradense a ojos de Javier Oreiro. El técnico lanzaba ayer un mensaje de unidad y optimismo como claves para salir de la mala dinámica en casa. «Onte -por el domingo- percibín moito pesimismo na grada, no equipo, na directiva; discrepancias coas miñas decisións, e en todo isto os grandes perxudicados son os xogadores, que non conseguen xogar cómodos na Baiuca». Oreiro cree que el equipo sigue siendo demasiado previsible en casa, y que por ahí podría pasar la clave de las derrotas. Los errores en casa han afectado tanto a la grada como al vestuario, y el técnico dice que «a crispación e o pesimismo van pasar factura». Añadió Oreiro que «non pode ser que o equipo, estando sempre entre os tres primeiros, cause sensacións negativas; a todos nos gustaría xogar mellor, ter máis puntos e demais, pero tamén temos que ser moi conscientes de que os rivais están aí. Non podemos pelexarnos os uns cos outros, e temos que pensar que a ansiedade non é boa».
Oreiro, que afirma que las discrepancias con el no le afectan, ya que el paso por los banquillos es una cuestión temporal, cree que es preciso regresar a la senda del optimismoya que la presión influye en el ánimo de los futbolistas. «O que non podemos é deixar que xogar na casa se convirta nun problema; a ilusión hai que percibila por parte de todo o mundo», subrayaba el entrenador, que apeló al positivismo de aficionados, directivos y plantilla para sacar adelante el proyecto rojillo.