Vivo al borde de la carretera

DEZA

Numerosas casas de la ciudad, como la del accidente de Conxo, están junto a viales

29 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Decenas de casas están situadas sobre los arcenes de las carreteras nacionales y provinciales en el entorno más próximo a Santiago. También en los núcleos antiguos de las nuevas zonas de expansión urbanística de la ciudad es fácil contar por docenas las viviendas que se quedaron en el borde de las calles abiertas más o menos recientemente. Uno de estos barrios es Picaños, donde varios inmuebles casi comparten su portal con la calzada.

En esta calle hay un pequeño establecimiento de alimentación, cuya propietaria, Lourdes Vieiro, asegura que nunca se planteó que pudiera estar en peligro hasta el accidente de Ponte Pereda. Reconoce que los coches circulan a mucha más velocidad de la adecuada y que «si quieren tirar la casa, antes habrá que pagarla, por que a mí me supuso mucho esfuerzo sacar adelante el negocio». La puerta de acceso al comercio está justo en el borde de la calle, aunque su propietaria considera que «está peor la de allí arriba». Señala a una casa construida hace unos 18 años que estrecha el paso de esta calle en dirección a Santas Mariñas. Pero el caso de Picaños es solo un ejemplo de la expansión urbanística.

También en la rúa Queimada, en As Cancelas, hay dos casas sobre la calle. Su propietario, Severino Pombo, reconoce que están en el medio. «Pero estou a gusto, se queren que marche teñen que pagar». Pese a la mala ubicación, nunca se produjeron problemas y, con la construcción del polígono de As Cancelas, tan solo se percibe un «pouco máis de tráfico», comenta un vecino de la zona, pero «é de xente de aquí; así que non ten por que haber problemas, saben o que hai».

Una mención aparte merece el último núcleo rural de Santiago, la aldea de Porto, junto a Milladoiro, que vio incrementar ligeramente la intensidad de su escasísimo tráfico debido a las obras de la autovía de Brión en el acceso a Santiago. El vial que pasa por el centro de la aldea, une Milladoiro con A Rocha, pero discurre por el medio de un núcleo en el que las viviendas están sobre una pista serpenteante que en algunos tramos solo tiene el ancho suficiente para un único coche, aunque puedan circular en ambos sentidos y la única opción de escape sean las fincas de labranza, los cierres de las casas o las propias casas.

Por ahora, en ninguno de estos casos se han producido accidentes de gravedad, tan solo pequeños roces que provocaron daños materiales.