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Cirujanos navajeros en A Estrada

Un estudio del investigador César Gómez sobre los oficios del siglo XVIII revela que en el municipio hubo ocho cirujanos que operaban con navajas de barbero

Autor:
Rocío García
Fecha de publicación:

Ni bata verde ni bisturí esterilizado. En el siglo XVIII en A Estrada operaban ocho cirujanos, pero lo hacían a punta de navaja. Esta es una de las curiosidades del estudio del investigador lalinense César Gómez Buxán sobre el mercado laboral estradense de hace tres siglos.

El oficio de cirujano estaba unido en muchas ocasiones con el de peluquero o el de barbero. Al menos hasta mediados del XIX, la cirugía fue una profesión más empírica que una rama académica de la medicina. En el siglo XVIII la cirugía se dejaba en manos de los barberos aprovechando que estos poseían un útil instrumental. Las navajas afiladas eran el bisturí con el que se cortaban verrugas o se realizaban pequeñas operaciones externas. En A Estrada aparecen censados en la época siete cirujanos y un aprendiz. Había cirujanos en Ribela, Cora, Arca, San Xurxo de Vea, dos en Lamas y uno en Codeseda -Bernardo Hermida- que a juzgar por sus ingresos era el que más trabajaba.

Los datos para la investigación están extraídos del interrogatorio del catastro del Marqués de la Ensenada (1752-1753), una fuente que proporciona detalles sobre la dedicación laboral de todos los vecinos del municipio y sus ingresos.

La presencia de cirujanos en A Estrada no pasa de ser anecdótica, como lo es también la de un capador o la de 16 sardineros que traían el pescado de los puertos al interior. También hay constancia documental de la existencia de revendedores de pescado que distribuían el producto recorriendo a pie las aldeas. Orazo debió ser uno de los centros de distribución, con cinco personas dedicadas a este oficio. El oficio de platero es otro de los minoritarios, aunque de los mejor pagados. En A Estrada había cuatro plateros en Barcala, Parada, Vinseiro y Pardemarín. Vendían pendientes, adornos para trajes o tazas de plata que en la época se compraban como inversión por su valor seguro. Las iglesias eran buenos clientes de los plateros.

Oficios mayoritarios

Sin embargo, los oficios mayoritarios eran otros. Algunos de ellos tenían especial implantación en algunas parroquias. En ocasiones, esta tradición ha llegado a nuestros días. El ejemplo más evidente es el de los torneiros de Berres. La producción artesanal de platos, tazas, cucharas o tenedores de madera de Berres se remonta al siglo XVIII. Entonces trabajaban en la parroquia 16 torneiros que, además de menaje en madera, fabricaban husos y ruecas para abastecer al sector textil.

La carpintería, que aún hoy es uno de los sectores estratégicos de A Estrada, ya lo era en el siglo XVIII. En más del 80% de las parroquias trabajaba algún carpintero. El principal núcleo de actividad en este campo era Cereixo, con 14 profesionales. Además, en el municipio había cuatro carpinteros y tres aprendices especializados en la fabricación de carros.

Los arrieros también eran un sector muy notable en A Estrada. En más de la mitad de las parroquias había alguno censado y, en Souto, la cifra alcanzaba los 27. La proximidad a Santiago estimulaba este comercio de vino traído desde el Ribeiro y vendido tanto en Compostela como en ferias de toda Galicia.

El sector textil también tuvo su desarrollo. A falta de Zara y de grandes almacenes, más de 40 parroquias contaban con costureras, destacando la actividad en Matalobos. Los teceláns también tuvieron una importante presencia. En Guimarei hubo 19. A diferencia de otras zonas, en A Estrada el oficio era desempeñado por hombres y no por mujeres. Curtidores hubo en la mitad de las parroquias. En Callobre eran veinte y en San Pedro y Santo Tomás de Ancorados y Rubín se superaba la decena.

El negocio de la piedra vivía entonces una época de esplendor y el catastro de la Ensenada revela que Codeseda fue tierra de canteiros. En la parroquia vivían entonces 236 familias y a casi la mitad las sostenía un cantero. En total había 106 canteros y 17 aprendices. En Souto hubo más de ochenta, en Arca más de treinta y en Parada y Ribela se superaban los veinte.

El estudio de César Gómez se publicó en el décimo anuario del museo estradense: A Estrada. Miscelánea histórica e cultural . El autor, que se enganchó a la investigación hace 24 años, es especialista en heráldica y genealogía de Deza.

 

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