Una de las opciones tácticas previsibles que podían producirse en la final de los 1.500 metros femeninos se consumó ayer. La representante de Baréin, Belete Mimi, se colocó al principio de la carrera en cabeza. Su intención no era otra que controlar la prueba con la intención de desgastar al pelotón para que su compañera Maryam Yusuf Jamal, nacida en Etiopía y que defendía el título conseguido en Berlín 2009, se beneficiase.
Sin embargo, el ritmo que imprimió en la primera vuelta no fue especialmente rápido. De hecho la pasó en 1?min y 8?s, tiempo más lento que las dos series semifinales del Mundial. Sin embargo, los segundos 400 metros hicieron daño al pelotón, ya que aumentó claramente la velocidad marcando en la segunda vuelta 2?min y 13?s. Hasta ese momento, Natalia marchaba en posiciones retrasadas, controlando la prueba y evitando los problemas de contactos que se originan en los grupos muy compactos.
A partir de ese instante el ritmo ya no decrecería, sino todo lo contrario. La española fue ganando posiciones por el exterior, aumentando su zancada. Antes del toque de la campana, en la última vuelta, ya estaba situada en cabeza. Hasta aquí, todo transcurría según lo previsto y de forma satisfactoria para la tarraconense.
Pero se produjeron sorpresas, una vez más, en una distancia con altas dosis de incertidumbre. Primera, el claro hundimiento de Jamai. Segunda, la falta de fuerzas de Natalia en los últimos 50 metros. Y tercera, la victoria de Jennifer Barringer que, de principio, no contaba para el triunfo.
Nada que objetar a nuestra representante, salvo felicitarla por subirse al podio por segunda vez en un campeonato del mundo. Tácticamente ha corrido de forma ejemplar, propia de una campeona que aspira al oro y que no especula, a priori, con otras medallas. Según la vi en la última recta, agónica, Natalia tiene motivos para sentirse muy contenta.