El expediente X de Guardado

Pedro José Barreiros Pereira
Pedro Barreiros A CORUÑA/LA VOZ.

DEPORTES

Nadie se explica la nueva lesión de Guardado, que pidió el cambio en el partido contra el Sporting. Después de más de dos meses sin enfundarse la camiseta blanquiazul se despidió del césped con solo media hora transcurrida del partido. Visiblemente contrariado, cabizbajo, con los ojos ahogados en lágrimas, se refugió en el banquillo antes de abandonar el estadio. Según dio a conocer el Deportivo, sintió molestias en los isquiotibiales de su pierna izquierda, la misma zona que se había lesionado en México, durante una concentración con su selección, el 12 de octubre. A este simple malestar en una zona previamente lastimada se agarran en el cuerpo médico. Recalcan que el futbolista no sintió un nuevo pinchazo. «Esperamos que se trate de que haya perdido alguna adherencia de la cicatriz de la lesión anterior», señala Carlos Lariño, quien estima que, si las pruebas ratificasen esta impresión, permanecería apenas unos diez días más de baja. «Habría que volver a testearlo a la vuelta de las vacaciones, pero no tendría por qué ser más tiempo», estima mientras cruza los dedos. El jugador se someterá a una resonancia magnética en su país entre hoy y mañana.

Su caso trae de cabeza a todos en Abegondo. Nadie se explica la transformación de un jugador cuya anatomía parece ahora de cristal. Ni siquiera Lotina quiso referirse al nuevo contratiempo de una de las piezas clave de su plantilla al término del choque. «Preguntadle a los médicos», espetó. El entrenador se había armado de paciencia para esperar al mejor Guardado. Pudo convocarlo para el partido de la pasada semana en Madrid, pero prefirió que se quedase en A Coruña para entrenarse. Después de diez días en los que el mexicano se retiraba antes que sus compañeros las sesiones por precaución, esta semana las completó de inicio a fin, y siempre con una sonrisa. Es más, siempre elogiaba el trabajo de los médicos, los fisioterapeutas, el preparador físico y el recuperador en su recuperación.

Por fin parecía haber olvidado aquella microrrotura en los isquiotibiales, de la que recayó el 1 de noviembre en Abegondo. Entonces se habló de una de dehiscencia, es decir, se le reabrió aquella cicatriz que ahora, de nuevo, mes y medio después de haber vuelto a saltar las alarmas, parece estar afectada. Por el camino quedó ese tratamiento de oxigenoterapia por el que se desplazó tres veces a la semana a una clínica de Santiago. O las largas sesiones de fisioterapia y de baños de contraste que se daba en Abegondo para recuperar sus músculos.

Lesiones y recaídas

En su cuarta temporada en A Coruña (tiene contrato hasta el 30 de junio del 2012), a donde llegó como el nuevo abanderado del equipo, se ha perdido una Liga entera por culpa de las lesiones. Sumados sus partidos de baja ya alcanzan las 37 jornadas del campeonato doméstico, a solo una (con toda probabilidad la alcanzará en el partido contra el Athletic del próximo 2 o 3 de enero) del dramático registro. Todas fueron dolencias musculares y las recaídas de lesiones anteriores también estuvieron presentes. Como la rotura de fibras que sufrió en el bíceps femoral de su pierna derecha y que lo dejó casi inédito en la segunda vuelta del 2008. En el 2009 solo padeció una dolencia de importancia: una rotura de fibras en el gemelo de la pierna izquierda por la que se perdió cuatro jornadas, pero en el 2010 el francotirador de las lesiones lo marcó de cerca. Antes de la actual, padeció otras dos de importancia. De nuevo en el tramo final de la temporada y que a punto estuvieron de privarle del Mundial.

Desde entonces las lesiones no le dejaron levantar cabeza. El Deportivo busca explicación al expediente X de Guardado.