Ser uno de los mejores baloncestistas de Cuba no asegura un sueldo de estrella, ni mucho menos. Tanto Taylor como sus compañeros en la selección ganaban diez dólares al mes por defender los colores de su país.
Ahora, las cosas han cambiado. El que será el base del Establecimientos Otero ha comenzado a aprender el oficio de tapicero en la empresa de uno de los directivos del club. Con eso y lo que le paga el Xuventude puede ganarse la vida en España.
«Es duro perder a un hijo, pero ellos saben que hemos cambiado para mejor», contesta Taylor cuando se le cuestiona sobre lo que piensa su familia cubana sobre la decisión que tomaron. Afirma el base caribeño que el Gobierno de su país no ha tomado represalias con ellos -«solamente un poco al principio, pero con los días fue pasando la presión»-. Él, a pesar de tener solo 23 años de edad, dejó allá una novia y una niña pequeña. Eso, y sus estudios de Ciencias del Deporte.