El coruñés (1974) llegó al arbitraje por casualidad. Es colegiado de la ACB y director técnico del Comité Gallego de Árbitros
El coruñés Carlos Cortés Rey ya es el primer gallego que consigue ser árbitro internacional de baloncesto. En la localidad alemana de Mannheim, sede del oficioso campeonato del mundo júnior, pasó hace un par de semanas el último filtro, el que le convierte en uno de los 16 colegiados españoles en activo con la categoría de internacional. Tras dirigir la final del torneo solo faltaba una comunicación oficial que llegó ayer.
Constancia es la palabra clave para llegar. Carlos Cortés (A Coruña, 1974) llegó al arbitraje por casualidad, una vocación tardía que surgió cuando con 18 años aceptó la invitación de unos amigos. «Cuando empiezo algo siempre sigo hasta el final», asegura, así que doce años después alcanzó la ACB. «No sé lo que se siente cuando te toca la lotería, pero yo debí sentirme igual cuando me lo comunicaron». Hasta entonces, el ourensano Estévez Camiña era el único colegiado gallego que había disfrutado de la categoría ACB. A principios de la presente campaña, tras cinco temporadas en la élite, a Carlos Cortés se le ha unido el santiagués Jacobo Rial, aunque también el andaluz Miguel Ángel Pérez está adscrito en el Comité Gallego.
Carlos Cortés compagina el arbitraje con su cargo como director técnico del Comité Gallego de Árbitros y con su profesión de técnico de sonido. Y es que el baloncesto le exige mucho tiempo, pero no puede considerarse profesional. Vídeos y más vídeos y un par de horas de gimnasio diario forman parte de su rutina habitual. «Analizo mucho mis errores, me como el coco con mis fallos», dice sobre unas actuaciones que repasa continuamente con el director técnico.
Como árbitro de la ACB, donde ha dirigido cerca de 140 partidos (el último el Murcia-Joventut, del domingo pasado), también cuenta con asesoramiento asesoramiento físico (Pepe Casal) y psicológico. «No lo utilizo mucho, pero entiendo que sí es necesario, igual que para los deportistas de élite».
Además de una internacionalidad que supone superar una criba que comprende unos mínimos físicos, el dominio del inglés y una exigente preparación técnica, Carlos Cortés guarda con especial agrado en sus recuerdos el día de su debut en la ACB, un Joventut-Manresa, y su primer encuentro del play off (Joventut-Girona), además de su único Barcelona-Real Madrid.
¿Vivir del arbitraje? «Cada temporada arbitramos unos 30 partidos y cobramos por cada uno unos 900 euros, además de los gastos, así que hecha las cuentas». Unos 30.000 euros anuales, una cantidad para ir tirando, pero no para hacerse rico, sobre todo en una actividad que se acaba al cumplir los 50 años. Hasta el año pasado entrenaba en categorías inferiores. «Demasiado ajetreo», sobre todo a partir de ahora que entre semana le esperan los aeropuertos europeos.
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