Roberto Trashorras, como todo el equipo, regresó a casa con una sensación de alivio, pero avisó que todavía quedaba mucho para certificar la salvación: «Está claro que es una victoria que te da un poquito de respiro pero muy poco porque hay muy poca distancia de puntos y muchos equipos implicados. Es un bálsamo y una inyección de confianza ganar ante un rival directo, pero nos queda mucho por hacer porque está todo muy apretado».
Su pensamiento ahora ya está centrado en el partido ante el Cartagena y en sumar la segunda victoria consecutiva, algo que tan solo ha acontecido una vez este curso en clave celeste. «Ahora tenemos un partido importante en casa y haber si conseguimos los tres puntos y nos alejamos un poquito más».
Aprovechó para responder a Julián Rubio, el técnico del Alba, que acusó al Celta de marear la perdiz con el balón. «Cada uno lo verá como quiera. Nosotros en esos momentos lo que intentamos era mantener el balón para que ellos no tuviera ninguna opción y fue lo que hicimos. Hay que saber controlar los partidos y saber matarlos».
Volvió a incidir en el comportamiento del equipo que «demostró una seriedad y un comportamiento exquisito en todo momento».