Complicada la profesión del entrenador de fútbol. En su quehacer no valen promesas. Cuando su equipo pierde más partidos de los que pueden calificarse como derrotas normales los problemas se le agigantan y más todavía a esos técnicos que hablan demasiado, exceso que se produce en aquel que llega al equipo prometiendo devolverlo a la buena senda o, en otro caso, cuando los adversos marcadores traen nubarrones amenazando tormenta que el entrenador de turno intentará disimular, diciendo que es algo pasajero. Esto se viene comprobando a lo largo de las temporadas y nos lo refrescó en la memoria el Athletic de Bilbao-Valladolid (2-0) observando al equipo vallisoletano incapaz de reaccionar la lo largo de todo el segundo tiempo, dejándose ir sin rebelarse hacia una derrota anunciada desde el final del primer tiempo, ya con el 2-0 en contra.
En San Mamés las cámaras enfocaron a Onésimo, que ocupa el banquillo desde que sustituyó al veterano Mendilibar en Mestalla, en donde tras perder (2-0) dijo en la rueda de prensa: «Perdimos, pero ya sé como arreglar esto y corregiré lo que no funciona...» ¿Cuándo?, habría que preguntarle al que como jugador fue uno de los reyes del regate.