«Ojo, no veo predisposición. Pero lo de Barcelona sí que ha sido un atraco. El árbitro que está en la esquina da el gol y el de mitad de cancha, que se encuentra más lejos, lo rectifica con el tiempo concluido. Yo no veo si el balón entra, pero sí veo cómo concede el tanto. Es muy grave. Después de levantar un 3-0 y de no rendirse ante un 5-4, el equipo siguió creyendo cuando solo faltan tres segundos. No solo creyó que podía hacer algo sino que lo hizo. Y te lo quitan. ¿Cómo reaccionas, cómo te comportas?». Es la reflexión de Tomás de Dios, el entrenador del Lobelle, al día siguiente del partido disputado por el Lobelle en Barcelona.
Es el mismo entrenador que aceptó con absoluta deportividad que, en la final de Copa, los árbitros pasasen por alto un gol de Alemao a falta de ocho minutos. El balón había traspasado la línea, por muy poco. Y no lo vieron. «Aquello fue un error de apreciación», significó Tomás de Dios.
Es también el mismo técnico que, en la final de la Supercopa, ni siquiera hizo mención a otra jugada que pudo ser determinante. Con 2-1 a favor del Lobelle, frente a ElPozo Murcia, y cuando el conjunto rival ya había agotado el cupo de cinco faltas, Mauricio empujó a Rafael al borde del área y los árbitros no advirtieron la penalización. Rafael, que confirmó que había falta, no cargó las tintas en esa acción. Solo lamentó que el equipo no hubiese manejado mejor «los pequeños detalles». Tomás de Dios achacó la derrota a que el Lobelle no supo alargar la última posesión del balón.
La jugada de la polémica
En Barcelona, la jugada de la polémica fraguó en los últimos tres segundos de partido. Tomás de Dios ordenó a sus jugadores que se ubicasen junto al área catalana para que el portero, Carlos Barrón, sacase en largo. Eka peinó el esférico y el cancerbero catalán lo toca. Queda la duda de si sobre la línea o ya dentro de la portería. En todo caso, uno de los árbitros entiende que Eka no llega a rozar el esférico y es el que hace valer su criterio.
El que había concedido el tanto, el mejor situado, en perpendicular a Eka, a unos seis o siete metros, da marcha atrás en su apreciación.
Puede decirse, en el caso del Lobelle, que llueve sobre mojado en los últimos tiempos. O que «sempre chove na casa do pobre».
El arbitrio de Barcelona es doblemente doloroso porque aquel empate hubiese tenido un efecto multiplicador para las aspiraciones del Lobelle de conservar la tercera plaza que ostenta.
Antes de la decimoctava jornada totalizaba 38 puntos, por 31 del Barça y 29 del Caja Segovia. Ahora, el Lobelle sigue con 38, el Barça suma 34 y el Caja Segovia, que doblegó al Inter Movistar, 32. De haber valido el empate, los santiagueses tendrían 39, por 32 catalanes y segovianos.
Y no se quedan ahí los efectos colaterales, aunque en este caso no caben justificaciones. Tras la deliberación de los árbitros y la decisión de no dar por bueno el gol, quien más quien menos perdió los nervios. El capitán, Alemao, que tenía una botella de agua en la mano, la tiró contra los colegiados. Le dio a uno en la oreja, y así consta en el acta, si bien añaden que no se produjo lesión como consecuencia de ese impacto.
Arrepentido y atónito
De todas las incidencias que se sucedieron a raíz del gol no validado, la única que aparece en el acta es la de Alemao. No recogen, sin embargo, que el jugador acudió con posterioridad a pedir disculpas por su conducta.
Ayer, el capitán todavía se mostraba atónito: «Es diferente a otras veces. Hay que estar allí para vivirlo». Reconocía que su actitud no se puede justificar y asume que le espera una fuerte sanción, pero seguía sin explicarse como un árbitro da el gol y el otro lo rectifica.
No solo Alemao pensaba de esa forma. Superado el disgusto, veinte horas después de los sucedido, Tomás de Dios se reafirmaba punto por punto en todos los juicios de valor que había realizado en caliente. Y nadie recordaba haber vivido una situación semejante.
Con la sensibilidad a flor de piel, en el vestuario lobellista también causaba extrañeza que los árbitros fuesen los primeros en retirarse al vestuario, corriendo, sin esperar a que los jugadores abandonasen la cancha. De la misma manera que resultó sorprendente que en la Copa no se quedasen a la entrega de trofeos.
En cualquier caso, todo eso es ya pasado. El equipo empezará a trabajar mañana y a preparar a fondo su próximo partido de Liga, ante un Caja Segovia que llega lanzado después de derrotar al Inter Movistar.