El Celta le plantó cara al equipo más en forma de la Segunda División y dio una buena imagen durante casi todo el partido. Aunque esta derrota significa un frenazo en la remontada que estaba llevando a cabo el equipo de Eusebio, de ninguna forma debe llevar al desánimo por la forma en que se produjo.
Se puede hablar de tres e incluso de cuatro fases diferentes a lo largo del encuentro.
La primera abarcaría la media hora inicial de juego, en la que el Celta mostró la buena imagen que venía dando en sus últimos encuentros, con un juego de mucha intensidad, demostrando que existe dentro del equipo mucha hambre de fútbol y de victorias, con momentos en los que parecía que el equipo recuperaba la seguridad en el juego de toque y en la posesión y con una referencia clara: Iago Aspas.
Aspas, protagonista total
El de Moaña sería el protagonista del partido. Ha adquirido galones por méritos propios. Los compañeros le buscan continuamente al no estar Trashorras en el terreno de juego, él se ofrece y busca huecos de forma incansable.
Pero precisamente con su bajón físico llegó la segunda fase del encuentro. Venía de jugar los 90 minutos completos en Villarreal, donde realizó un esfuerzo titánico. Ayer empezó imprimiéndole un ritmo muy grande a su juego, y lo pagó. Comenzó a cometer imprecisiones, a perder balones, y eso lo aprovechó la Real Sociedad para realizar sus primeros contragolpes peligrosos. En esos últimos minutos del primer tiempo la dinámica del partido estaba cambiando, y lo hizo de forma definitiva con la expulsión de juvenil de Iago Aspas, que a la postre sería la jugada clave del partido.
Se puede considerar que el árbitro fue riguroso con las dos cartulinas amarillas en tan corto tiempo, pero también es cierto que el moañés podía haber evitado la chiquillada de sacar antes de que pitase el árbitro sabiendo que acababa de ver una tarjeta. Aquí comenzó la tercera fase, que fue la más negativa del partido para los celestes.
En el arranque de la segunda mitad la Real Sociedad fue un ciclón. El Celta, con uno menos no fue capaz de impedir que los donostiarras llegasen al área con suma facilidad. Marcaron un gol, como podían haber sido cuatro.
Jugar con uno menos ante un equipo que está con tanta confianza como la Real es demasiada desventaja, peor tampoco para que ten un baño así.
Las ganas del final
Sin embargo los vascos no sentenciaron y en esa última fase del partido el Celta sacó su raza, se creyó que podía salvar algún punto, y tuvo opciones para ello, sobre todo las dos de Joselu y alguna falta peligrosa al borde del área.
En definitiva, no se puede considerar un paso atrás ni por la clasificación, ya que el margen con el descenso aún es de tres puntos, ni por las sensaciones del equipo, y sí un frenazo en el camino ascendente que estaba llevando el Celta.