El Celta logra la proeza y tumba al Villarreal en un triunfo del coraje

Víctor López

VIGO

Un tanto de Trashorras en el tiempo añadido, de penalti, pone a los vigueses en los cuartos de final de la Copa

13 ene 2010 . Actualizado a las 12:15 h.

El Celta hizo historia ayer en El Madrigal. Por primera vez, como equipo de Segunda, logró una clasificación para unos cuartos de final de la Copa del Rey. Lo hizo además con nueve gallegos en su equipo, y con nueve futbolistas de su cantera. Un éxito de la mano de Eusebio al estilo de aquel Barcelona de Johan Cruyff.

Los célticos tenían como misión de salida en El Madrigal marcar un gol y eso les obligó a ser irreverentes. En el primer minuto, su descaro, llevó a Iago Aspas a plantarse con la posibilidad de poner la eliminatoria a su favor. El moañés falló pero había esbozado lo cara que iba a salirle al Villarreal la que, a priori, consideraba como una cómoda clasificación.

En la primera media hora el Celta dominó hasta el sonrojo a un rival que se veía impotente. El debutante Mateo tuvo la mejor oportunidad viguesa en una asistencia de Aspas. Varias acciones a balón parado pusieron cerco a la portería de Diego López. Pero pasaban los minutos, y quedaba patente que el problema celeste estribaba en la ausencia de un delantero como referencia ofensiva. Faltaba un definidor. Con la marcha de Arthuro, y la sanción a Joselu, la plantilla céltica cojea en esta parcela. La presencia de cinco jugadores del filial en esta citación constituía una buena prueba de estas lagunas.

Los locales se apercibieron de esta inocencia. Eso fue lo que les animó a aumentar su ritmo, y tomar decisiones. Aparecieron Cani, Cazorla y Senna. La prueba de que Valverde no se fiaba del Celta es que solo un jugador, Llorente en lugar de Nilmar, cambiaba con respecto al once que empató en el primer partido del año en el Camp Nou ante el Barcelona, y que brilló frente a los blaugranas.

Al descanso el empate sin goles era entendible por la ausencia de ocasiones claras, y porque las carencias de uno ensalzaban las virtudes del otro. El grande demostraba como sin balón era capaz de sobrevivir. Ante otro contrario más contundente no hubiese tenido tanto perdón.

La segunda parte comenzó igual que la primera con Aspas inquietando. Esta vez tuvo su mejor ocasión pero era el día de los porteros, y Diego López es uno de los mejores. El meta lucense salvó a los suyos en el uno contra uno. El ciclón de Moaña, Aspas, estaba en su punto de mayor virulencia. En este arreón el árbitro estuvo cerca de echarle por tirarse y protestar, pero entre el banquillo y Trashorras consiguieron sosegarle.

Pires, verdugo otrora del mejor Celta europeo, pudo cortar con las esperanzas celestes en la única aproximación de un acongojado Villarreal. Yoel respondió con la misma categoría que antes lo había hecho su paisano en la portería contraria. Esto mantenía a su equipo en el partido, y dejaba para el final la resolución.

Eusebio decidió entonces jugarse sus única cartas posibles. La primera con otro debutante como Oriol Riera, máximo goleador del filial. Era mucha responsabilidad para este jugador que además actuó escorado a la banda derecha y terminó siendo protagonista. La segunda fue adelantar a Túñez, y en lo que en el argot blaugrana se conoce como a lo Alexanco, el central actuó de delantero en los últimos minutos.

En el tiempo añadido, una acción fabulosa de Oriol caído a la banda, sirvió para que Pedro Botelho se plantase en el área. El azar llevó a que el ex céltico Ángel le derribase. Penalti dudoso para unos, claro para los otros. Trashorras la pidió. Diego López quiso distraerlo a lo argentino pero el de Rábade tiene ese toque de grande. Marcó y el Celta estaba clasificado. Ahora espera al Recreativo o al Atlético, y sueña con reverdecer laureles y verse en semifinales.