La violencia gratuita, de nuevo como parte de un espectáculo deportivo, y esta vez con menores de edad como protagonistas.
La violencia gratuita, de nuevo como parte de un espectáculo deportivo, y esta vez con menores de edad como protagonistas. Aunque no solo. Cuando la tensión en el campo se multiplica, el graderío, lejos de apaciguar los ánimos, alimenta la batalla campal.
Minuto setenta del encuentro de juveniles de Primera que enfrentaba en el campo de Pardellas al Xuvenil ponteareano y al conjunto vigués de La Guía. Una entrada a destiempo origina la disputa. El nueve visitante, Antón Pérez, autor de la zancadilla, propina varios puñetazos a Jesús Álvarez, jugador del Xuvenil. Jesús, lejos de poner la otra mejilla, responde a la agresión.
La trifulca se extiende. Según testigos presenciales, varios jugadores de La Guía se enzarzan a patadas y puñetazos con sendos rivales. En el campo, el colegiado, David Iglesias, trata de poner paz. En apenas un par de minutos, la situación se vuelve completamente inasumible.
Desde la grada comienzan a saltar aficionados. Unos gritan como posesos. Otros, simplemente golpean a los futbolistas. De repente, el escenario se cubre de energúmenos dispuestos a dejarse la piel por la fuerza bruta. A los que pegan, chicos de dieciséis y diecisete años.
Tras emprenderla con los jugadores, algunos se dirigen al árbitro, también adolescente. Lo acorralan mientras le gritan. «¡Todo es culpa tuya, cabrón!». David Iglesias, viendo que su integridad comienza a correr serio riesgo, buscó a la carrera su vestuario. El colegiado advierte a los delegados de todo lo que la vista le alcanzó a ver. Como resultado, les comunica la expulsión de los dos jugadores que iniciaron la pelea, y de otros dos futbolistas del conjunto visitante por sendas agresiones a rivales. Además, le pide a Manuel Gil, delegado de los ponteareanos, que avise a las fuerzas del orden.
En un cuarto de hora, tres agentes de la Guardia Civil se presentan en el vestuario del árbitro. Los agentes disuelven a los aficionados que permanecen próximos al vestuario y tranquilizan a los futbolistas, en evidente estado de nervios tras lo acontecido. Quedaban veinte minutos. Y se jugaron. El Xuvenil ganó dos a cero ante la atenta mirada de la Benemérita.
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