Tras tres jornadas de Liga, el Celta ha sumado dos puntos con una mezcla de sensaciones. Por un lado, ha sido capaz de mostrar cualidades que le convertirían en un candidato a la pelea por el ascenso. Por otro, sigue haciendo aparecer fantasmas del pasado que le transfiguran en un bloque defensivamente muy vulnerable e incapaz de mantener una actitud seria en el campo.
El equipo vigués se ha mal acostumbrado en esta temporada. En sus cuatro partidos oficiales ha empezado perdiendo, y por mucho que lo quieran maquillar ha sido siempre con errores propios.
Como sucedió en Salamanca, el centro de la zaga falló, y en un mal corte de Catalá, Xisco Muñoz se encontró solo para abrir el marcador. Fue como salir del vestuario con el resultado en contra. De nuevo el remar contracorriente se convertiría en el motor de los estímulos celestes.
El Celta quería confirmar sus buenas vibraciones del Helmántico y en la primera parte no lo logró. Jugó alocado, desordenándose cada vez que sus combinaciones se alargaban, sin paciencia. Esta vez la ansiedad le pudo y se notó en todas las facetas del juego.
Los laterales pretendían jugar de extremos, los centrocampistas se entorpecían, y los atacantes casi no vieron la pelota. No hubo ocasiones locales, y como pago a sus desajustes, antes del descanso el Levante pudo cerrar el partido. De un córner a favor de los vigueses, nació un contragolpe en el que dos azulgranas se quedaron solos ante Falcón. En el mano a mano, Juanlu pecó de torpe y de egoísta. El meta salvó in extremis el 0-2, y permitió a los suyos que en la caseta limasen asperezas.
En la reanudación todo cambió con rapidez. El Levante se agazapó ante un vendaval de juego vigués. Todo el orden que había faltado con anterioridad se convirtió en clarividencia. Fruto de esta corriente positiva llegó el empate. Pedro Botelho se llevó a lo que le salió al paso para que Saulo dispusiese de un remate diáfano para el gol.
Dos debutantes
La sorpresa llegó instantes después cuando Eusebio decidió sustituir al brasileño y hacer debutar a Aarón. Una norma no escrita dice que solo en caso de lesión se debe sustituir a un jugador que acaba de ver puerta. El joven futbolista cedido por el Valencia cuajó un buen papel pero no fue capaz de transformar sus ganas en goles, a pesar de que dispuso de un par de oportunidades para apuntillar a sus enemigos más acérrimos.
El Celta asedió la portería valenciana pero no culminaba. Su entrenador se apercibió de este problema pero se equivocó en las soluciones. El estreno del brasileño Arthuro provocó un exceso de delanteros, pero sin creadores del último pase. La libertad de la que gozaba Trashorras se convirtió entonces en una atadura sin Iago Aspas en el campo. El de Rábade es crucial para el buen juego celeste pero necesita desahogos. La temperatura de su fútbol es la que marca en que grado se encuentra su equipo. Ayer apareció a ráfagas, y sin esos detalles individuales el partido no pudo decantarse del lado local.
Ahora sin Joselu, ni Aarón, que se marchan al Mundial sub-20, el cupo de opciones en ataque se reducirá mucho. Lo que puede parecer un problema, quien sabe si será una bendición por evitar los experimentos. Las aspiraciones del Celta están por definirse. Todavía no ha sido capaz de ganar en Liga, y se queda en el pelotón que lucha por la permanencia.