A Iago, toda una vida jugando al fútbol, el profesionalismo le llegó tarde. Desde entonces, su trayectoria es frenética.
-¿De qué le ha servido jugar en Primera?
-De mucho. He vivido deprisa este deporte. Jugué y marqué en todas las categorías. Llegué adonde quería. Ahora tengo una buena opción de remontar el vuelo y de seguir en esto, que es lo que quiero. Lo he vivido todo, hasta las lesiones. Soy un veterano con 25 años. Conozco muchos entresijos del fútbol. Espero que esto me ayude.
-¿Aprendió de todos sus entrenadores?
-No es lo mismo aprender de algo que darle valor. Con David Vidal aprendí cosas que no me sirven de demasiado en el aspecto futbolístico. Con Tito Ramallo, sí. Cada uno tiene su idea. Cada vez más, hay una ruptura entre dos estilos de entrenadores. Hoy deben tener unas ideas claras, saber transmitirlas con respeto y llevar el grupo.
-¿Le decepcionó alguno?
-Prefiero decir a quién debería agradecer lo que aprendí. Como profesional, a ninguno. No soy el jugador que soy gracias a Caparrós, David Vidal o Óscar el del Valencia B. Ellos no pretendían enseñar, sino mover las piezas. Agradezco a mi padre, a Pita, a Yago del Calasanz y, sobre todo, a Tito Ramallo.
-¿Piensa en el futuro?
-He cambiado de categoría todos los años desde hace más de cinco. De momento, pienso en jugar hasta que me den las piernas.
-¿Volverá a dar clases?
-Es mi futuro. Es vocacional.