Natalia Rodríguez, cómo ganar y perder un oro

X.R. Castro

DEPORTES

Un empujón a la etíope Burka a falta de 250 metros provocó su descalificación tras una exhibición en el 1.500

24 ago 2009 . Actualizado a las 11:12 h.

Estaba para ganar y ganó, pero no le sirvió para recoger el oro ni para proclamarse campeona del mundo. Lo que pudo ser una explosión de júbilo, se convirtió en el día más triste de Natalia Rodríguez. Llegó primera después de una portentosa carrera en el 1.500, pero la descalificaron. El motivo, que a falta de 200 metros la etíope Gelete Burka fue al suelo en un forcejeo. Los abucheos del público alemán cuando cruzó la línea de meta la dejaron sentenciada.

La tarraconense hubiera ganado igual, pero iba tan sobrada y cegada por el oro que en su camino triunfal tocó a Gelete Burka, la etíope que dudaba entre aguantar en la cuerda -por la que progresaba Natalia- o pasarse a la calle 2. Mientras la africana cavilaba, la catalana iba a toda máquina. Había esperado en el furgón de cola su momento y tan pronto como escuchó la campana de la última vuelta cambió el ritmo de un modo sensacional.

Lo hizo por la cuerda, adelantando a cuanta rival aparecía en su camino hasta encontrarse con la etíope. Más que un empujón, parecía un forcejeo, aunque el vídeo demostró a los jueces la infracción. Incluso Natalia se vio desplazada de la pista y tuvo que volver tras tocar la hierba. Cuando lo hizo fue para destrozar a la favorita Yusuf Jamal y a la británica Lisa Dubriskey. Entró primera en la meta con una facilidad increíble, pero no lloró de alegría, sino de miedo.

En teoría era campeona mundial de la distancia más aristocrática del atletismo español, pero sabía que algo no iba bien. Se encontró con un estadio que le silbaba -«si llego a dar la vuelta de honor, me apedrean», llegó a comentar- y enseguida se giró para interesarse por el estado de Burka, que seguía tendida en el suelo. Pero la suerte estaba echada.

Ella, a quien la maternidad le ha sentado de maravilla, había hecho la carrera de su vida 20 meses después de alumbrar a Guadalupe. Pero su hija no venía con un oro debajo del brazo. En Pekín fue sexta y ayer terminó descalificada, porque primero los jueces de la IAAF y más tarde el Comité de Apelación estimaron que había empujado a la etíope.

En parte ya se lo esperaba. Cogió la bandera pero no celebró nada, sus declaraciones no apuntaban a ninguna dirección y su rostro lloroso solo transmitía decepción. Tendrá difícil correr igual de bien para nada. Su descalificación le entregó el oro a Yusuf Jamal de Barehim y dejó a las puertas del podio a su compañera Nuria Fernández, otra madre en pleno esplendor. Tras una sensacional carrera acabó cuarta. Seguro que el bronce le sería amargo.