Subraya que pretende preservar el principio en virtud del cual la categoría solo se logra por méritos deportivos
El Ciudad de Santiago ha llegado a un punto de no retorno. Sus dirigentes están dispuestos a vender el club, y con él su plaza en Segunda B. «La entidad está abierta a todo tipo de ofertas, pero de no aparecer nadie, tendremos que ir a la disolución y liquidación», anunció José Suárez Alén», que fue presidente del consejo de administración hasta diciembre y que presentó la dimisión en la asamblea celebrada ese mes. No obstante, aceptó seguir hasta final de temporada, «como un compromiso moral», para tratar de encontrar una salida.
La opción de la venta de la plaza no va a ser sencilla. Cuando menos, la Federación Española de Fútbol advierte de que la reglamentación deportiva impide una transacción de esa naturaleza.
Emilio García, jefe de asuntos legales del ente federativo, lo explica con claridad: «En el supuesto de que un club de fútbol de Segunda División B decidiera vender su plaza, en la federación analizaríamos el caso de forma minuciosa. Pero el reglamento de la FIFA es claro. Tras el caso del Granada 74, la FIFA prohibió de forma explícita la compraventa de plazas. Se trata de defender hasta el final el principio de promoción deportiva, es decir, que el club que compita en una categoría se lo haya ganado deportivamente».
Suárez Alén asegura que, llegado el momento, no sería el club verdiblanco el que tuviese que dar esa batalla sino quienes estuviesen interesados en su adquisición. Y añade: «El Ciudad de Santiago es una sociedad anónima deportiva no profesional. Y lo que no está claro es por qué, si alguien se quiere hacer cargo de él, no va a poder llevarlo a otro sitio».
Podría darse el caso de que hubiese un conflicto entre la reglamentación deportiva y el derecho mercantil, y que fuese un tribunal de justicia el que tuviera que pronunciarse.
El Ciudad de Santiago necesita 300.000 euros para abonar las cinco nóminas pendientes con la plantilla y los empleados del club. Y tiene otra deuda de unos 300.000 euros que no es exigible con carácter inmediato.
Suárez Alén asegura haber atendido llamadas de «personas que estaban interesadas en conocer nuestra situación». Pero no se atreve a calibrarlas: «Por teléfono puede contactar cualquiera. Siempre digo que si alguien está interesado venga hasta aquí o presente una propuesta en firme».
Devorado por las exigencias
El Ciudad de Santiago decidió constituirse en sociedad anónima para poder crecer. Y consiguió llegar a Segunda B. Pero, paradójicamente, el planteamiento se volvió en su contra. Los dirigentes se vieron desbordados, según ellos mismos reconocieron, por las exigencias de la categoría de bronce. Y, al dejar de ser una entidad sin ánimo de lucro, apenas han podido recibir ayudas públicas para la cantera. Si finalmente el club se ve abocado a la liquidación, no solo se perderá el primer equipo sino toda la cantera.
Pensar en conservar el filial, que ascendió a primera regional, y todos los colectivos de base es un planteamiento inviable como sociedad anónima.
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