Manuel Camiña, presidente del Balonmano Cangas, tiene más cerca la posibilidad de cumplir el sueño de aquellos que acuden a O Gatañal cada sábado y ver a su equipo celebrar el medio siglo de existencia en la élite.
El club cangués vuelve a poner su nombre junto al de los grandes del balonmano español, que es casi lo mismo que unirlos al de los más poderosos del panorama mundial. De la mano de un desconocido entrenador malagueño, Curro Lucena, y con una plantilla con diez integrantes gallegos, el Frigoríficos del Morrazo se ha hecho con el lugar que hace tres años perdió después de diez temporadas ininterrumpidas en la Asobal.
Cangas, con unos veinticinco mil habitantes, vuelve a convertirse en la población más pequeña que tiene un equipo entre los mejores. Solo el Arrate de Éibar, con unos pocos miles más de habitantes puede asemejarse. Sin embargo, en presupuesto el club cangués volverá a pasar por ser el más bajo de la categoría.
El Cangas ha sido un ejemplo siempre de un trabajo en el que no hipotecan su futuro. «Este es un club honesto y honrado. Cuando dice a un jugador que le va a pagar un dinero se lo paga», comenta su entrenador. El proyecto de esta campaña no tenía garantías de ascenso, sin embargo lo ha logrado con una combinación de jugadores veteranos y jóvenes. Los Rubén Soliño (19 años), Edu Moledo (21), Adrián Rosales (23), o Serafín Pousada (20), han demostrado que su juventud puede hacer que Galicia disfrute aún más de la crema nacional.