El artista de Basilea desmiente a los agoreros y mantiene el pulso en los grandes acontecimientos

P. A. L.

DEPORTES

Primero los datos, sin recurrir a la nostalgia ni rebuscar muy atrás: Roger Federer es el único tenista que alcanzó las cuatro últimas finales de los torneos del grand slam ; salvo en París, acarició el título en todos los majors ; ganó hace nueve meses el último US Open; y en Madrid nadie podrá poner un pero a su triunfo en un torneo multimillonario, aunque llevase también siete meses sin conseguir un título. Ahora el análisis: parece difícil que el suizo, cubierto por toda la gloria del tenis mundial, repita hazañas como la del año 2006, cuando levantó doce trofeos; y además ahora cuenta con un trío de rivales, sobre todo Nadal, pero también Djokovic y Murray, que le han plantado una batalla feroz, exprimiéndole quizá algo más que la generación anterior. En todo caso, el artista de Basilea se empeña en desmentir a los agoreros que, a cada bajón, se empeñan en proclamar el declive del tenista solitario.

Número dos del mundo, Federer tendrá difícil recuperar el liderato del ránking mundial si no consigue una mayor regularidad, sobre todo en los torneos de nivel intermedio. Pero, a sus 27 años, aunque viaje solo, con poco más apoyo que el de su mujer y representante, Mirka Vavrinec, su tenis ve lejos su fecha de caducidad. En estos siete meses de sequía, solo perdió con el trío de Nadal, Djokovic y Murray, así como otros tres partidos con Wawrinka, Blake y Simon.