«Debuto en Australia con Armstrong, hace un año me hubiera parecido surrealista», dice el ciclista, que viaja hoy y estará hasta fin de mes entrenándose al otro lado del globo
07 ene 2009 . Actualizado a las 11:52 h.Óscar Pereiro se dirige a las antípodas. Las antípodas de Galicia y las antípodas de rutina de competición. «Debuto en enero, en Australia y con Lance Armstrong, si me lo dicen hace un año me hubiera parecido surrealista total. No entraba en las quinielas ni una cosa ni la otra», confiesa el ciclista de Mos. En el 2008, participó en la Challenge de Mallorca, en febrero. Pero en el 2009 el escenario ha cambiado. Su calendario de competición se paró el 20 de julio en el Col d'Agnel. La caída que sufrió en el Tour cortó aquella temporada. Y alteró el guión de la siguiente. Hoy parte de Oporto a París. De allí viajará a Kuala Lumpur. Para llegar finalmente a Australia y estrenarse en el Tour Down Under, la prueba elegida por Armstrong para su regreso.
El martes, mientras desayunaba, comenzó su peculiar lista. «Cojo el boli y empiezo a apuntar. Comienzo por los pies y digo: ''Chanclas, zapatillas, calcetines de correr, perneras, culote largo...''. Y voy subiendo hasta la cabeza», explica. Después se entrenó cuatro horas con Gustavo Domínguez y Gustavo Rodríguez. «No me siento mal. Estoy mejor que el año pasado por estas fechas. Decente, pero no para competir, porque llevo mucho tiempo parado», asegura.
Admite que el Tour Down Under, que comenzará el 20 y finalizará el 25, es un pretexto. «La carrera es secundaria, una excusa perfecta, porque mi objetivo es hacer kilómetros. Va a ser un lujo poder entrenarme con cuarenta grados en pleno enero», indica. «Trataré de hacer bloques por encima de las seis horas. Intentaré correr, entrenarme, pero sin meterme un tute. Hacer kilómetros y kilómetros a baja intensidad. A sufrir, pero con paciencia. Ese es uno de los pactos que tengo con Eusebio Unzué. No puedo precipitarme. Quieren que llegue bien a las clásicas de abril (Flecha Valona, Lieja-Bastogne-Lieja y Amstel Gold Race), no antes», señala.
Dolor en el brazo
No se atreve con la París-Roubaix. «Te arriesgas a sacrificar todo el año en una caída», dice. Y no quiere torturar con pavés el brazo que se fracturó en el Tour. «Ya no hice nada de mountain bike por esa razón. Además, estos días, con los cambios de tiempo, el brazo me duele bastante, me molesta. Cuando me molesta, no puedo llevar la mano al bolsillo de atrás. Pero el hueso está soldado, podría coger un saco de cemento. Y en la bici no me duele absolutamente nada», comenta.
El brazo devuelve a su memoria la caída el el Col d'Agnel. Pero piensa que el recuerdo acaba ahí: «No creo que tenga miedo. No he hecho muchos descensos para comprobarlo, pero no estoy condicionado por lo que pasó. Si bajo el mismo puerto igual sí que siento algo...».
Pereiro cree que esta nueva planificación no le afectará de cara al Tour y a la Vuelta. «Podría estar preocupado si empezara a tope, porque tendría que alcanzar tres picos de forma, pero no es así. Estoy muy tranquilo, sin presión», asegura.
Estará en Australia hasta finales de mes y desde allí irá a París, donde será presentado el Caisse d'Epargne. Para retomar el guión de otros años. Para alejarse de las antípodas.